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30 de junio de 2002
Por Charles Eisenstein
Traducido por Scott Frost y Cristina Dorribo
La motivaciΓ³n primaria de la mayorΓa de los vegetarianos que conozco no es la nutriciΓ³n. Aunque debaten vigorosamente a favor de los beneficios de una dieta vegetariana, muchos ven la buena salud como premio a la pureza y la virtud de una dieta vegetariana, o como un extra. En mi experiencia, una motivaciΓ³n claramente mΓ‘s poderosa entre los vegetarianos – desde estudiantes universitarios idealistas hasta adherentes a las tradiciones espirituales del Este, como el Budismo y el Yoga – es el caso moral o Γ©tico de no comer carne.
Enunciado con gran autoridad por luminarios espirituales como Mahatma Gandhi, y por activistas del medio ambiente como Frances Moore Lappe, el caso moral en contra de comer carne a primera vista parece ser abrumador. Como alguien que come carne y a quien le importa profundamente vivir en armonΓa con el medio-ambiente, y como persona honesta tratando de eliminar la hipocresΓa de mis maneras de vivir, me siento obligado a tomar estos argumentos en serio.
Un argumento tΓpico es el siguiente: Para abastecer el apetito enorme de carne en la sociedad moderna, los animales soportan un sufrimiento inimaginable en condiciones de suciedad extrema, amontonamiento, y confinamiento. Los pollos estΓ‘n de a 20 por jaula, y los cerdos permanecen en establos de hormigΓ³n tan angostos que no se pueden dar vuelta.
El argumento a favor del medio ambiente
La crueldad es pasmosa, pero no menos que los efectos sobre el medio-ambiente. Se alimentan a los animales de carne entre 5 y 15 kilos de proteΓna vegetal por cada kilo de carne producida – una prΓ‘ctica desmedida e inmoral en un mundo donde muchas personas se mueren de hambre. Mientras 670 m2 pueden alimentar a un vegetariano durante un aΓ±o, hacen falta mΓ‘s de 1,2 hectΓ‘reas para proveer los granos necesarios para criar la carne que come un consumidor de carne promedio en un aΓ±o.
Continuando con el argumento, demasiadas veces aquellas hectΓ‘reas consisten en desmote de bosques hΓΊmedos. El efecto sobre los recursos de agua es igual de desconsolador: la industria de la carne es responsable de la mitad del consumo de agua en los EEUU β 22 mil litros por kilo de carne, comparado con 230 litros por kilo de trigo. Los combustibles no renovables contaminantes son otro insumo en la producciΓ³n de carne. Y no nos olvidemos de los residuos de antibiΓ³ticos y hormonas sintΓ©ticos que aparecen cada vez con mΓ‘s frecuencia en nuestra red de agua. AΓΊn sin tomar en cuenta la cuestiΓ³n de quitar vida (despuΓ©s trato ese tema), los hechos detallados arriba β de por sΓ – dejan claro que es inmoral ayudar y encubrir este sistema comiendo carne.
ΒΏLa fabrica o la granja?
No discutirΓ© ninguna de las estadΓsticas de arriba, salvo decir que sΓ³lo describen la industria de la carne como existe hoy dΓa. Constituyen un argumento contundente en contra de la industria de la carne, no en contra de comer carne. Porque de hecho, hay otras maneras de criar ganado, maneras que convierten al ganado en un activo medioambiental en vez de en una carga, y en las cuales los animales no llevan una vida de sufrimiento. Consideren, por ejemplo, una granja tradicional mixta que combina una variedad de cultivos, tierra de pastoreo y huertos. AquΓ, el estiΓ©rcol no es ni contaminante ni producto de deshecho, sino un recurso valioso que contribuye a la fertilidad de la tierra. En vez de quitar granos de las masas hambrientas, los animales de pastoreo en realidad generan calorΓas de comida en tierra no apta para la labranza. Cuando se usan los animales para trabajar – tirando arados, comiendo bichos y generando abono – reducen el consumo de combustibles no renovables y la tentaciΓ³n de usar pesticidas. Los animales que viven afuera tampoco requieren grandes cantidades de agua para su sanidad.
En una granja que no sΓ³lo es un establecimiento productor sino un sistema ecolΓ³gico, el ganado juega un papel beneficioso. Los ciclos, las conexiones y las relaciones entre cultivos, los Γ‘rboles, los insectos, el estiΓ©rcol, los pΓ‘jaros, la tierra, el agua, y la gente en una granja viviente forman una compleja red, “orgΓ‘nica” en su sentido original, una cosa hermosa no fΓ‘cilmente vinculada en la misma categorΓa que una fabrica de hormigΓ³n de 5.000 cerdos. Cualquier ambiente natural es un hogar tanto para los animales como para las plantas, y parece razonable que una agricultura que busca estar lo mΓ‘s cerca de la naturaleza posible incorporarΓa ambos. Es mΓ‘s, en una granja puramente horticultural, los animales silvestres pueden ser un gran problema, y hacen falta medidas artificiales para mantenerlos fuera. Filas lindas de lechuga y zanahoria son un buffet irresistible para los conejos, marmotas y ciervos, los cuales pueden arrasar con campos enteros en una noche. Los granjeros de vegetales deben contar con cercas elΓ©ctricas, trampas y sprays y – mΓ‘s de lo que la mayorΓa de la gente se da cuenta – revΓ³lveres y trampas para proteger sus cultivos. Si el granjero elige no matar, cultivar vegetales con un rendimiento que saca una ganancia requiere de sostener la tierra en un estado altamente artificial, aislado de la naturaleza.
Uno podrΓa estar de acuerdo con eso, pero sostener que las granjas idΓlicas del pasado no son suficientes para cubrir la demanda enorme de nuestra sociedad adicta a la carne. Aun si sΓ³lo comes carne orgΓ‘nica, no estΓ‘s siendo moral a no ser que tu nivel de consumo sea acorde con que los 6 mil millones de habitantes del mundo compartan tu dieta.
La produccion y la productivida
Semejante argumento yace en la suposiciΓ³n injustificada de que la industria de la carne actual busca maximizar la producciΓ³n. De hecho, busca maximizar la ganancia, lo cual no significa “la producciΓ³n” sino “la productividad”- unidades por dΓ³lar. En tΓ©rminos de dΓ³lares, es mΓ‘s eficiente tener mil vacas en un lote de alimentaciΓ³n de alta densidad, comiendo maΓz monocultivado en una granja quΓmicamente tratada de 2000 hectΓ‘reas, que tener 50 vacas pastoreando en 20 granjas de 100 hectΓ‘reas cada una. Es mΓ‘s eficiente en tΓ©rminos de dΓ³lares, y probablemente mΓ‘s eficiente en tΓ©rminos de mano de obra tambiΓ©n. Pero en tΓ©rminos de carne por hectΓ‘rea, (o por unidad de agua, combustible no renovable, u otro capital natural) no es mΓ‘s eficiente. En un mundo ideal, la carne serΓa igual de abundante quizΓ‘s, pero serΓa mucho mΓ‘s cara. AsΓ es como deberΓa ser. Las sociedades tradicionales comprendΓan que la carne es una comida especial; ellos la reverenciaban como uno de los regalos mΓ‘s altos de la naturaleza. En la medida en que nuestra sociedad refleja un valor alto en un precio alto, la carne debe ser cara. Los precios actuales de la carne (y otras comidas) (en los EEUU) son extraordinariamente bajos en relaciΓ³n a los gastos totales del consumidor, comparados tanto con la historia como con los de otros paΓses. La comida absurdamente barata empobrece a los granjeros, degrada la comida en sΓ, y hace que los mΓ©todos de producciΓ³n menos “eficientes” resulten antieconΓ³micos. Si la comida, y en particular la carne, fuese mΓ‘s cara, entonces quizΓ‘s no desperdiciarΓamos tanta – otro factor a tomar en cuenta al evaluar si el consumo actual de la carne es sustentable.
El imperativo moral
Hasta ahora, me he dirigido a los asuntos de las condiciones crueles y la sustentabilidad del medio-ambiente, motivos morales importantes para el vegetarianismo sin duda. Pero el vegetarianismo existΓa antes de la Γ©poca de las granjas fΓ‘brica, y fue inspirado por la convicciΓ³n fundamental y sencilla que matar estΓ‘ mal. Simplemente es incorrecto tomar la vida de otro animal innecesariamente; es sangriento, brutal, y bΓ‘rbaro.
Por supuesto que las plantas estΓ‘n vivas tambiΓ©n, y la mayorΓa de las dietas vegetarianas tienen que ver con la matanza de las plantas. (La excepciΓ³n es la dieta “frutariana”(sΓ³lo frutas).) Pero la mayorΓa de la gente no acepta que matar un animal es lo mismo que matar una planta, y pocos argumentarΓan que los animales no son una forma de vida mΓ‘s organizada, con mΓ‘s capacidad de sentir y de sufrir. La compasiΓ³n se extiende mΓ‘s fΓ‘cilmente a animales que gritan con miedo y dolor, aunque personalmente, siento lΓ‘stima por las malezas cuando las arranco de raΓz. Sin embargo, es improbable que el argumento “las plantas tambiΓ©n estΓ‘n vivas” satisfaga el impulso moral detrΓ‘s del vegetarianismo.
AdemΓ‘s habrΓa que notar que el cultivo mecanizado de vegetales involucra la matanza masiva de organismos de la tierra, insectos, roedores, y pΓ‘jaros. Otra vez, esto no ataΓ±e a la motivaciΓ³n central del vegetariansimo, porque esta matanza es incidental y en principio se puede minimizar. El suelo mismo, la tierra misma, que nosotros sepamos, podrΓa ser un ser con capacidad de sentir, y sin duda una agricultura, aun si estuviera basada en las plantas, que mata el suelo, los rΓos, y la tierra es tan reprehensible moralmente como cualquier sistema orientado hacia la carne, pero, otra vez, esto no ataΓ±e al asunto esencial del intento: ΒΏAcaso no estΓ‘ mal matar a un ser que tiene capacidad de sentir innecesariamente?
Uno tambiΓ©n podrΓa cuestionar si esta matanza es realmente necesaria. Aunque el establishment de la nutriciΓ³n estΓ‘ a favor del vegetarianismo, una minorΓa significativa de investigadores cuestionan con vehemencia sus beneficios para la salud. Una evaluaciΓ³n sobre este debate estΓ‘ mΓ‘s allΓ‘ del alcance de esta nota, pero despuΓ©s de muchos aΓ±os de una auto-experimentaciΓ³n dedicada, estoy convencido de que la carne me es muy “necesaria” para que goce de buena salud, fuerza y energΓa. ΒΏAcaso mi buena salud es mΓ‘s importante que el derecho a la vida de otro ser? Esta pregunta nos lleva de vuelta a la cuestiΓ³n central. Es hora de dejar toda suposiciΓ³n no dicha y enfrentar este asunto directamente.
La cuestiΓ³n central
Empecemos con una pregunta cΓ‘ndida y provocadora: “ΒΏExactamente quΓ© tiene de malo matar?” Y en todo caso, “ΒΏQuΓ© tiene de malo morir?”
Es imposible abordar completamente las implicaciones morales de comer carne sin pensar en el significado de la vida. De lo contrario uno corre el riesgo de la hipocresΓa, proveniente de nuestra separaciΓ³n del hecho de la muerte detrΓ‘s de cada pedazo de carne que comemos. La distancia fΓsica y social entre el matadero y la mesa de cenar nos aΓsla del miedo y dolor que los animales sienten a medida que los van llevando al matadero, y un animal muerto se convierte en sΓ³lo “un pedazo de carne”. Semejante distancia es un lujo que no tenΓan nuestros antepasados: en las sociedades de caza y granja antiguas, el matar era de cerca y personal, y era imposible ignorar el hecho de que Γ©ste acababa de ser un animal vivo.
Nuestro aislamiento del hecho de la muerte se extiende mucho mΓ‘s allΓ‘ de la industria de la comida. Al acumular los tesoros del mundo – la riqueza, el nivel social, la belleza, la pericia, la reputaciΓ³n – ignoramos la verdad de que son impermanentes, y por lo tanto, al final, sin valor. “No los podΓ©s llevar con vos, ” dice el refrΓ‘n, pero el sistema americano, obsesionado con la adquisiciΓ³n mundana, se basa en la pretensiΓ³n que sΓ podemos, y de que estas cosas sΓ tienen un valor real. Muchas veces sΓ³lo una experiencia cercana con la muerte ayuda a que la gente se dΓ© cuenta de lo que realmente es importante. La realidad de la muerte revela como tonterΓa las metas y los valores de la vida moderna convencional, tanto las colectivas como las individuales.
Entonces, con razΓ³n que nuestra sociedad, con una riqueza sin precedente, tambiΓ©n ha desarrollado un miedo a la muerte igual de sin precedente en la historia. Tanto en un nivel personal como institucional, prolongar y asegurar la vida se ha convertido en algo mΓ‘s importante que cΓ³mo se vive esa vida. Esto se torna mΓ‘s evidente en nuestro sistema mΓ©dico, por supuesto, en el cuΓ‘l se considera a la muerte el mΓ‘ximo “desenlace negativo”, ante lo cuΓ‘l se prefiere hasta la agonΓa prolongada. Veo la misma clase de pensamiento en los estudiantes de la universidad del estado de Pennsylvania, quienes eligen sufrir la “agonΓa prolongada” de cursar materias que odian, para conseguir un trabajo que realmente no les gusta, para tener la “seguridad” financiera. Tienen miedo de vivir como corresponde, de reclamar su derecho al nacer, que es hacer trabajo interesante y que da alegrΓa. El mismo miedo sirve de fundamento para la obsesiΓ³n lunΓ‘tica de nuestra sociedad con la “seguridad”. Hoy en dΓa el objetivo americano es aislarse de la muerte lo mΓ‘s posible – para lograr la “seguridad”. Al final de cuentas, se trata del ego intentando hacer permanente lo que nunca puede ser permanente.
Dualismo moderno
Mirando mΓ‘s al fondo, la raΓz de este miedo, creo yo, yace en la separaciΓ³n dualistica del cuerpo y el alma, la materia y el espΓritu, el hombre y la naturaleza, que tiene nuestra cultura. El legado cientΓfico de Newton y Descartes sostiene que somos seres finitos y separados; que la vida y sus acontecimientos son accidentales; que se pueden explicar los procesos de la vida y el universo en su totalidad en tΓ©rminos de leyes objetivas aplicadas a las partes elementales e inanimadas; y por lo tanto, que el sentido y Dios son proyecciones de nuestras ilusiones. Si sΓ³lo existe la materialidad, y si la vida carece de propΓ³sito real, entonces por supuesto que la muerte es la calamidad mΓ‘xima.
Curiosamente, el legado religioso de Newton y Descartes no es muy diferente. Cuando la religiΓ³n abdicΓ³ la explicaciΓ³n de “cΓ³mo funciona el mundo” – la cosmologΓa- a la fΓsica, se volcΓ³ al reino de lo no-mundano. El espΓritu se convirtiΓ³ en lo opuesto de la materia, algo elevado y separado. No importaba mucho lo que hacΓas en el mundo material, no era importante, en tanto que tu “alma” (inmaterial) fuese salvada. Bajo un punto de vista dualistica de la espiritualidad, vivir bien como un ser de carne y sangre, en el mundo material, se torna menos importante. La vida humana se convierte en una excursiΓ³n temporaria, una distracciΓ³n inconsecuente de la vida eterna del espΓritu.
Otras culturas, culturas mΓ‘s antiguas y sabias, no lo veΓa asΓ. Ellas creyeron en un mundo sagrado, de la materia infundida con el espΓritu. Animismo, lo llamamos, la creencia de que todas las cosas poseen un alma. Hasta esta definiciΓ³n traiciona nuestras suposiciones dualisticas. QuizΓ‘s una definiciΓ³n mejor serΓa que todas las cosas son alma. Si todas las cosas son alma, entonces la vida de carne, en el mundo material, es sagrada. Estas culturas tambiΓ©n creΓan en el destino, la inutilidad de tratar de vivir mΓ‘s allΓ‘ del tiempo de uno. Vivir como corresponde en el tiempo asignado es entonces cuestiΓ³n de suma importancia, y la vida una jornada sagrada.
CuΓ‘ndo la muerte en sΓ, en vez de una vida mal vivida, es la calamidad mΓ‘xima, es fΓ‘cil ver por quΓ© una persona Γ©tica elige el vegetarianismo. Privar a una criatura de la vida es el crimen mΓ‘ximo, especialmente en el contexto de una sociedad que valora la seguridad mΓ‘s que la diversiΓ³n, y la seguridad mΓ‘s que el riesgo inherente de la creatividad. Cuando el sentido es un engaΓ±o, entonces el ego – la representaciΓ³n interna de sΓ mismo del yo en relaciΓ³n al no yo – es todo. La muerte nunca estΓ‘ bien, ni parte de una armonΓa mayor, de un propΓ³sito mayor, de un diseΓ±o divino, porque no hay un diseΓ±o divino; el universo es impersonal, mecΓ‘nico, y sin alma.
La ciencia obsoleta
Afortunadamente, la ciencia de Newton y Descartes es obsoleta hoy en dΓa. Sus pilares de reduccionismo y objetividad se estΓ‘n rompiendo bajo el peso de los descubrimientos del siglo veinte de la mecΓ‘nica cuΓ‘ntica, la termodinΓ‘mica, y los sistemas no lineales, en los cuales el orden surge del caos, la simplicidad de la complejidad, y la belleza de la nada y de todas partes; en las cuales todas las cosas estΓ‘n conectadas; y en las cuales hay algo acerca del todo que no se puede entender totalmente en tΓ©rminos de sus partes. EstΓ©n avisados: la mayorΓa de los cientΓficos profesionales no aceptarΓan mis opiniones, pero creo que la ciencia moderna tiene mucho que seΓ±ala a un mundo de alma, en el cual la conciencia, el orden y el propΓ³sito cΓ³smicos estΓ‘n escritos en la tela de la realidad.
Desde un punto de vista animista y holista, la pregunta moral que hay que plantearse no es “ΒΏHubo una matanza? “, sino “ΒΏSe estΓ‘ tomando esta comida con justificaciΓ³n?” La vaca es un alma, sΓ, y tambiΓ©n la tierra y el ecosistema y el planeta. ΒΏEsa vaca llevΓ³ la vida que corresponde a una vaca? ΒΏSe criΓ³ de una forma bella o fea (segΓΊn mi comprensiΓ³n actual)? Uniendo la intuiciΓ³n con el conocimiento de los hechos, pregunto yo si comer esta comida contribuye a la pizca minΓΊscula de un diseΓ±o divino que yo puedo ver.
El diseΓ±o divino
EstΓ‘ la hora de vivir y la hora de morir. AsΓ es la naturaleza. Si lo pensΓ‘s, el sufrimiento prolongado en la naturaleza no es comΓΊn. Nuestra industria de la comida se beneficia del sufrimiento prolongado de los animales, la gente y la tierra, pero esa no es la ΓΊnica forma. Cuando una vaca vive la vida que le corresponde a una vaca, cuando su vida y muerte estΓ‘n en concordancia con un mundo hermoso, entonces para mΓ no hay dilema Γ©tico en matar esa vaca para comida. Por supuesto que hay dolor y miedo cuando llevan a la vaca al matadero (y cuando el petirrojo arranca la lombriz, y cuando los lobos comen el caribΓΊ, y cuando la mano desarraiga la maleza), y eso me pone triste. Hay mucha tristeza en la vida, pero debajo de la tristeza hay una alegrΓa que no depende de evitar el dolor y maximizar el placer, sino que depende de vivir como corresponde y bien.
SΓ serΓa hipΓ³crita que yo aplique esto a una vaca y no a mΓ mismo. Para vivir con integridad como matador de animales y plantas, me es necesario vivir como corresponde y bien, aun y especialmente cuando tales decisiones parecen afectar mi comodidad, seguridad, y auto-interΓ©s racional, aun si, algΓΊn dΓa, vivir como corresponde es arriesgar la vida. No sΓ³lo para animales, sino para mΓ tambiΓ©n, estΓ‘ la hora de vivir y la hora de morir. Digo: Lo que estΓ‘ bien para cualquier criatura viviente estΓ‘ bien para mΓ tambiΓ©n. No es necesario que comer carne sea un acto de “especie-ismo” arrogante, sino mΓ‘s bien la sumisiΓ³n humilde al flujo de la vida y la muerte.
Si esto les suena radical o inalcanzable, considera que todos aquellos cΓ‘lculos de lo que “a mΓ me beneficia” y de lo que “me puedo dar el lujo” se tornan cansadores. Cuando vivimos como corresponde, decisiΓ³n por decisiΓ³n, canta el corazΓ³n aun cuando la mente racional no estΓ© de acuerdo y protesta el ego. Aparte, la sabidurΓa humana tiene lΓmites. Pese a nuestras maquinaciones, al final de cuentas, no tenemos Γ©xito al tratar de evitar el dolor, la pΓ©rdida, y la muerte. Para los animales, las plantas, y los humanos, la vida es mΓ‘s que no morir.
Acerca Del Autor
Charles Eisenstein es un padre que se queda en casa. Vive en Pennsylvania. EnseΓ±a part-time en la Universidad de Pennsylvania. Se puede comprar su libro, El Yoga de Comer (The Yoga of Eating), de los editoriales New Trends Publishing, http://www.newtrendspublishing.com/YOGA/.


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