Hilda Labrada Gore: La invitada de hoy es la Dra. Kelly Brogan, autora del best-seller del New
York Times A Mind of Your Own, y co editora del famoso libro Integrative Therapies for
Depression. Cada vez más personas están cuestionando los problemas psicológicos que
observamos y reflexionando sobre cómo abordarlos mediante la nutrición y métodos
alternativos. Pero quiero comenzar contigo, Kelly. Cuéntanos tu historia. ¿Cómo empezaste a
tratar la depresión de una manera diferente?
Dra. Kelly Brogan: Provengo de una familia muy convencional, que cree firmemente en la
autoridad del modelo médico, y yo misma era una gran defensora de la medicina basada en
medicamentos. Como suele suceder con muchos médicos que finalmente se alejan de la
medicina convencional, el punto de inflexión para mí llegó tras un diagnóstico personal, mi
primer problema de salud.
Hasta ese momento, no sabía lo que era caminar en los zapatos de un paciente. Para mí, el
modelo farmacéutico parecía razonable. Parecía tener una base científica sólida, y ofrecía una
progresión lineal desde el diagnóstico hasta un tratamiento que prometía una mejor calidad de
vida. Sin embargo, cuando me enfrenté a ese modelo como paciente, decidí apartarme de él.
Fue a través de mi diagnóstico de tiroiditis de Hashimoto posparto que descubrí la naturopatía
y me di cuenta de la importancia que tiene el estilo de vida. Observé que los resultados de mis
análisis de sangre, que eran horribles, se normalizaron por sí mismos sólo con cambios en mi
estilo de vida. Tras re-evaluar mis hábitos, me sentía como una persona totalmente diferente.
Así que ese fue mi gran “¡ajá!”.
HLG: ¿Cuándo decidiste explorar las posibilidades con la depresión en particular?
KB: Como mi punto de entrada había sido el sistema inmunológico, mi condición auto-inmune
que afecta principalmente el sistema endocrino, descubrí un campo completamente nuevo de
estudio llamado “psico-neuro-inmunología”. Este aborda la interconexión entre disciplinas que
antes considerábamos totalmente separadas y distintas, como el intestino, el sistema
inmunológico, las hormonas y la neuroquímica cerebral. Empecé a cuestionar la práctica de
abordar los problemas mentales con especialistas aislados, y eso me llevó a investigar más.
Me sumergí en libros, volví a PubMed y me pregunté: “Si modificar mi dieta resultó en la
remisión de una condición autoinmune, ¿qué otras cosas no me habrán explicado?” Pasé
años leyendo literatura científica primaria casi obsesivamente. Aprendí todo lo que pude sobre
diferentes productos farmacéuticos y sus riesgos no divulgados, la evidencia científica para la
curación natural y esta nueva frontera en la biología que introduce conceptos como la
epigenética, la individualidad bioquímica, y el papel de nuestra ecología interna o microbioma.
Descubrí que existían décadas de investigaciones sobre estos temas, ¡y yo nunca había oído
hablar de ello! Esto me pareció curioso, pero luego encontré una estadística que lo explica:
transcurre un promedio de diecisiete años para que investigación científica primaria se
traduzca clínicamente, es decir, para que llegue al consultorio de tu médico. En otras palabras,
el estándar de atención que recibimos en nuestra cita médica está anticuado. Comencé a
destilar y seleccionar esta información para que otras personas pudieran usarla, y además leí
un libro que cambió mi vida. Me lo dio un colega y me dijo: “Kelly, ¿qué opinas de esto?
Recetas muchos de estos medicamentos.” El libro se llama Anatomy of an Epidemic del
periodista de investigación Robert Whitaker. Acababa de vivir mi experiencia de remisión
cuando me enfrenté a esta ciencia inspiradora, que despertó en mí mucha curiosidad sobre
todo lo que no me habían enseñado. En ese momento que el libro llegó a mis manos planteó
una pregunta clave: “¿Cómo es posible que una enfermedad psiquiátrica como la depresión
esté en constante aumento si, al mismo tiempo, el acceso a tratamientos también está en
aumento? Hoy en día, hay más personas tomando psicotrópicos que nunca antes en la
historia de la humanidad. ¿No debería eso resultar en una disminución de las tasas de
discapacidad por depresión? ¿Por qué están aumentando al mismo ritmo?” Whitaker
proporciona numerosos datos independientes de la industria que sugieren que, en realidad, la
medicación está impulsando la epidemia de enfermedades mentales discapacitantes. Cuando
terminé de leer ese libro, me puse a llorar en medio del metro en Manhattan. Literalmente,
lágrimas caían por mi rostro, porque en ese momento era testigo de cómo toda mi formación
médica se desmoronaba. Nunca volví a recetar a un paciente. Esto fue hace casi una década.
HLG: Whitaker afirmaba que al poner a las personas en psicotrópicos se estaba propagando la
epidemia de depresión. ¿Estamos viendo cada vez más casos de depresión, y tratándolos al
mismo tiempo?
KB: Ambas cosas son ciertas. En mi experiencia, las personas presentan síntomas de manera
diversa. El cáncer de ella, la diabetes de él, el trastorno bipolar de otra persona: son
respuestas muy significativas ante un desequilibrio fisiológico que llamamos “inflamación”.
Todas estas enfermedades de la civilización moderna están literalmente devastando nuestro
producto interno bruto (PIB), dólar por dólar. Las tratamos como enfermedades diferenciadas,
pero en realidad son solo variaciones ligeras de un tema común. Vivimos de-sincronizados con
nuestras expectativas genéticas innatas, lo que en la investigación se denomina “desajuste
evolutivo”. Es probable que este sea un concepto familiar para la comunidad de la Fundación
Weston A. Price, que es consciente de que la forma en que vivimos: cuando nos despertamos,
lo que comemos, pensamos, como nos exponemos a la luz solar, nos movemos, dormimos y
nos relacionamos, es una desviación grave. Como resultado, estamos experimentando un nivel
significativo de angustia. Yo lo llamo una “invitación”. Sin embargo, en el ámbito de la
psiquiatría, asumimos que estas son enfermedades reales en lugar de expresiones, en gran
medida no específicas, de angustia, de homeostasis alterada, de inflamación y desequilibrio. Y,
por supuesto, a nivel espiritual son altamente específicas, pero a nivel biológico son
simplemente una expresión de una falta de “sincronización”.
El problema surge cuando no tenemos la sutileza, cuando carecemos de investigación clínica
sofisticada, y en lugar de abordar estos problemas complejos, los encajamos en un modelo
conveniente de etiquetas psiquiátricas. La mayoría de ustedes probablemente saben que la
psiquiatría no utiliza ningún tipo de pruebas: no hay análisis de sangre, ni EEG, ni niveles de
líquido cefalorraquídeo, ni evaluación neuroquímica. Nada. Basandose en impresiones
formuladas a través de una conversación, se le asigna a una persona una etiqueta de por vida.
Esa etiqueta tiene un impacto tremendo en su sentido de sí misma, su identidad personal y la
forma en que viven su vida, así como limitaciones asociadas. El error es pasar por alto toda la
presentación clínica y afirmar: “esto es lo que está sucediendo”, basándonos en explicaciones
vagas sobre “desequilibrios neuroquímicos” y “susceptibilidad genética”, y luego poner a las
personas bajo prescripción y manejo farmacéutico de por vida. En cambio, deberíamos estar
preguntando: “¿Qué está mal en este planeta? La gente está sufriendo de manera significativa.
¿Qué está pasando? ¿Por qué?” Necesitamos hacer la pregunta “¿por qué?”
HLG: ¿Es por eso que en tu libro afirmas que la depresión no es una enfermedad? Parece que
estás sugiriendo que la etiqueta es inadecuada.
KB: Sí, así lo veo. La comparo con la fiebre. Cuando tenemos fiebre, esta no nos dice ni lo qué
la está causando ni cómo tratarla; es simplemente un síntoma. De manera similar, la depresión
es una colección de síntomas, lo que se conoce como un “síndrome,” pero ningún diagnóstico
en psiquiatría—ya sea esquizofrenia, TOC [trastorno obsesivo-compulsivo], trastorno bipolar o
TDAH [trastorno por déficit de atención e hiperactividad]—es una entidad biológica verificada
científicamente. Aquí es donde la psiquiatría se separa de otras ramas de la medicina. Por
ejemplo, cuando hablamos de diabetes, no decimos simplemente: “Es cuando tienes mucha
sed y orinas con frecuencia, por lo que necesitas insulina.” Decimos: “Es un desequilibrio en la
gestión de la insulina de los niveles de azúcar en sangre, y entendemos su fisiología, así que
sabemos cómo intervenir.” (Aunque creo que la diabetes también puede tratarse con
intervenciones en el estilo de vida, pero hay un mecanismo fisiológico que hemos elucidado y
que es verificable de un paciente a otro).
En psiquiatría, cuando decimos: “¿Qué es la depresión?” simplemente respondemos: “Así es
como se presenta, y esto es lo que tenemos que hacer al respecto.” Pero no hay ninguna
comprensión mecanicista de lo que realmente es. Ese fue un gran “¡ajá!” para mí. Cuando
revisé unos sesenta años de investigación asumiendo que la depresión estaba relacionada con
un desequilibrio de serotonina, me sorprendió descubrir que no existe ni una pizca de
evidencia válida que respalde esa tesis. En los últimos veinte años, la “hipótesis de la
monoamina” ha sido completamente abandonada, en favor de lo que se conoce como la
“teoría de las citoquinas,” que es este modelo inflamatorio del que hemos hablado.
HLG: Acabas de usar algunos términos que no entiendo, pero creo captar lo que dices.
Corrígeme si me equivoco. No hay pruebas científicas concluyentes sobre las causas de la
depresión, pero según tus investigaciones, existe un vínculo que debería ser más conocido por
el público: los microbios intestinales y la inflamación están estrechamente relacionados con
nuestra salud mental.
KB: Sí, aunque no siempre es así. Por ejemplo, si te duele un dedo del pie, podría deberse a
que se te cayó un martillo sobre él, a que una cuerda lo está estrangulando o a una infección
en la uña. Ese dolor, ese síntoma, puede tener causas diferentes para cada persona. Para la
depresión también puede haber múltiples factores desencadenantes, desde deficiencias
nutricionales, como la falta de vitamina B12 debido a una dieta deficiente o al uso prolongado
de medicamentos anti-ácidos, hasta disfunciones endocrinas, como el hipotiroidismo, o crisis
psíquicas o espirituales.
Es alarmante que en la versión actual del Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos
Mentales (DSM-5), que es este libro con un número creciente de etiquetas para lo que no se
considera “normal,” se haya eliminado la categoría del duelo. Ahora, si experimentas síntomas
de depresión durante más de dos semanas después de la pérdida de un ser querido, podrías
ser candidato para un tratamiento basado en medicamentos. La implicación es que tienes un
problema médico si sientes ese tipo de dolor durante más de dos semanas. Estamos
etiquetando como enfermedad lo que son respuestas normales del cuerpo, la mente y el alma,
lo que nos lleva a la necesidad de profundizar en la historia personal de cada individuo.
HLG: ¿Qué podemos hacer para mitigar estos factores que nos llevan a problemas con
nuestros microbios intestinales y la inflamación?
KB: He utilizado mi experiencia personal de remisión como una inspiración para ayudar a
quienes sufren síntomas psiquiátricos, incluso leves como la tristeza. Los síntomas pueden ir
desde un malestar leve hasta lo que se consideraría una enfermedad mental grave. Aunque la
lista de posibles causas es extensa, lo interesante es que a nivel corporal, el malestar personal
o espiritual, en términos de señales inflamatorias, puede manifestarse de la misma manera que
un trastorno intestinal, porque el cuerpo no discrimina; somos organismos holísticos y todo
nos afecta. El remedio más accesible probablemente no es el examen profundo de nuestra
alma, sino sanar nuestro cuerpo—y ese es mi enfoque. Aunque tengo amigos que son
chamanes y sanadores energéticos que apoyan a las personas de otras maneras, yo me baso
en la curación física. Con frecuencia con solo un mes puedes aclarar y reconocer tus síntomas
básicos. ¿Eres una persona irritable que sufre de insomnio y confusión mental? Tal vez no seas
así, quizás sea un desequilibrio en tus niveles de azúcar en la sangre.
Las recomendaciones dietéticas que hago están en línea con las de la Fundación Weston A.
Price: controlar los alimentos procesados inflamatorios, aumentar la densidad de nutrientes y
comenzar a relacionarse con la comida de una manera nueva, viéndola como una conexión
con el mundo natural, con la ecología, y con tu linaje. Esto comienza a restaurar una dinámica
sagrada en tu dieta.
Tuve el privilegio de trabajar con el Dr. Nicholas Gonzalez quien fue mi consejero durante el
último año de su vida. En mi opinión es una de las figuras más importantes de la medicina
moderna. Creo que fue capaz de generar una confianza en el potencial para la curación que es
radical, y no estoy segura de que haya otros a su altura. Consiguió sanar cáncer terminal, en
cientos de pacientes que habían sido abandonados por la medicina convencional y que
continuan vivos en remisión completa y duradera treinta años después. También resolvió
condiciones neurodegenerativas, o casos como la tiroiditis de Hashimoto o incluso el trastorno
bipolar sintomático. Su enfoque se basaba en la desintoxicación y la nutrición personalizada,
partiendo de la idea de que no existe una dieta única para todos. Ofrecía consejos variables
sobre dieta, desde regímenes con carne roja dos veces al día hasta dietas sin carne roja, y
además la personalizaba con suplementación endocrina.
Conocerlo justo en ese momento de mi carrera clínica, cuando estaba observando mejoras
consistentes en mis pacientes con una dieta que incluía carne roja, fue providencial. Yo era
una ex vegetariana ética y no podía explicarme por qué. Como gran admiradora de Weston
Price, también entendía que no podía haber solo una dieta —¿cómo podría haber una
prescripción única? No tenía sentido lógico, y mucho menos clínico. A través de mi trabajo con
Nick, comprendí que los pacientes con diagnósticos de sensibilidad química múltiple,
problemas de auto-inmunidad, depresión, hipotiroidismo y TDAH, tienen lo que él llamaba una
dominancia parasimpática. Según el Dr. Gonzalez, quienes tienen dominancia parasimpática
solo mejoran cuando incluyen carne roja en su dieta. Generalmente no tengo pacientes en el
otro lado del espectro: aquellos con diagnósticos de enfermedades cardíacas, diabetes tipo 1,
o el neurocirujano que sólo come una chocolatina en todo el día.
Mis pacientes sufren de hipoglucemia reactiva: sus niveles de azúcar en sangre son inestables,
tienen hambre e irritabilidad constantes, y no pueden pasar dos horas sin comer. Estos son
patrones muy diferentes que requieren intervenciones distintas. La buena noticia es que si
eliminamos los alimentos adictivos como los granos y el azúcar procesado, si controlamos
otras variables inflamatorias como los aceites vegetales, y si incluimos alimentos en su forma
integral, empezamos a anhelar la dieta que nos curará. Nick siempre me lo decía, y lo observé
una y otra vez: sabes exactamente lo que debes comer. Pero cuando te dejas llevar por el café
y el alcohol todo el día, tus habilidades perceptivas innatas se nublan bajo la naturaleza
adictiva de ciertos alimentos. Cuando te deshaces de ellos, puedes entender cuál es tu estado
base. Tras ello, navegar tus hábitos se convierte en intuitivo de una manera que
probablemente no podías imaginar antes.
HLG: Me alegra que hayas mencionado que nuestros cuerpos son capaces de sintonizarse
con alimentos que pueden curarnos. Sin embargo, para algunas personas, tomar la
medicación recetada por su psiquiatra podría parecer una opción más sencilla, ya que de
alguna manera tomar una píldora es más fácil, especialmente para aquellos que no están en
sintonía con su cuerpo.
KB: Puede parecer así, pero creo que la razón por la que tenía una lista de espera de dos años
antes de lanzar mi programa en línea y publicar un libro con mi enfoque y protocolo, es porque
el modelo médico estándar no funciona. Aunque las personas pueden sentirse más estables
con su medicación, pero si repasan su historia, se dan cuenta de que han continuado
enfermas de manera continua y episódica. He tenido muchos pacientes que, a pesar de estar
medicados hasta el extremo, tenían pensamientos suicidas permanentes. Las personas lidian
con efectos secundarios que van desde disfunción sexual hasta insuficiencia hepática e
incluso cambios de comportamiento impactantes y horribles.
Sin embargo, el motivo más común que impulsa a las personas a abandonar los
medicamentos psiquiátricos es que empiezan a sentir el deseo de descubrir quiénes son en
realidad. Quieren saber quiénes son sin estos medicamentos, pero cuando intentan dejarlos
por su cuenta, puede ser muy difícil. La retirada de estos medicamentos es extremadamente
complicada. Por eso dedico toda mi práctica, y mi plataforma en línea, a apoyar a las personas
en este proceso. Existe la creencia en psiquiatría de que una persona no puede dejar de tomar
estos medicamentos y que es peligroso hacerlo, por lo que deben tomarlos de por vida. Pero
la realidad es que los datos a largo plazo no respaldan esta afirmación. Es una postura muy
paternalista por parte de muchos psiquiatras, ya que los estudios sugieren lo contrario. Según
el libro de Whitaker, cuanto más tiempo se toman estos medicamentos, mayor es el riesgo de
discapacidad.
En general, estos medicamentos se han estudiado únicamente durante períodos de cuatro a
ocho semanas, a veces doce. Para uso a largo plazo, sólo hay muy pocos estudios basados
en la observación, sin embargo, en medicina asumimos muchas cosas. Una de estas
suposiciones es que es mejor intervenir con fármacos que no hacer nada, cuando en realidad
los datos sugieren lo contrario.
HLG: Kelly, esta es una pregunta controvertida: ¿podrían los cambios de comportamiento que
mencionaste explicar por qué a veces las personas que se suicidan o cometen actos violentos
están en estados muy inestables, a pesar de estar tomando estos medicamentos?
KB: Sí, exactamente. Esto se me ha hecho cada vez más evidente desde que fui contactada
por David Carmichael, una persona completamente normal a la que el recetaron Paxil por
estrés relacionado con el trabajo. Poco después, estranguló y mató a su hijo de once años.
Ahora, su misión es concienciar sobre la posibilidad muy real de que una intoxicación puede
ocurrir incluso tras una sola dosis de ciertos medicamentos psiquiátricos. Hay una cantidad
considerable de datos sobre una categoría de antidepresivos que pueden inducir lo que se
llama “impulsividad relacionada con la akathisia,” una condición clínica conocida. De hecho,
según la literatura científica, las personas que cometen actos alarmantes de violencia pública,
como un paciente que asesina a su médico o alguien que dispara en un cine, a menudo tienen
una variante de una enzima hepática que provoca una intoxicación que no es aparente para
ellos. Lo más inquietante es que estas personas pueden parecer tranquilas por fuera, pero por
dentro están consumidas por delirios y una sensación de querer salir de su propia piel, con un
impulso de cometer actos de violencia contra sí mismos u otros.
Otro ejemplo es el caso de un activista a cuyo esposo le recetaron Zoloft para tratar el
insomnio, lo cual ya es algo peculiar. Cinco semanas después, se ahorcó en su garaje. Nunca
había estado deprimido en su vida, y mucho menos suicida. Este tipo de situaciones no son
raras y, lamentablemente, se evalúan de manera deficiente, si es que se evalúan en absoluto.
Esta es una de las razones por las que creo que todas las recetas deberían detenerse hasta
que comprendamos mejor, incluso a nivel de salud pública, los posibles efectos adversos de
una sola receta de medicamentos psicotrópicos.
HLG: Parece que toda esta medicación es un tiro al aire. Sin pruebas sobre los niveles en el
cuerpo que afectan el estado mental de la persona, realmente es un juego de azar, y no parece
que las probabilidades estén a nuestro favor.
KB: Exactamente. Todos tienen derecho a hacer lo que consideren correcto. Creo en la libertad
de elección y en el consentimiento informado. No estoy diciendo que deberíamos cerrar la
medicina convencional mañana mismo. Creo que las personas se sentirán atraídas por la
medicina que mejor les funcione en ese momento de su vida. Pero también creo que es
importante que la gente sepa, ya sea a través de mis resultados o los de mis colegas, que
existe una forma más segura y potencialmente más efectiva, que tiene innumerables
beneficios secundarios y es más económica.
Mi pasión es celebrar los resultados radicales que veo. Tengo cuatro estudios que están
siendo publicados en revistas médicas indexadas y revisadas por pares. Ni siquiera he
conocido personalmente a tres de los pacientes. Así que el éxito no viene de algún tipo de
magia en mi consultorio. Es un modelo de autocuración que se estructura a través de
intervenciones en el estilo de vida. Los resultados que tengo van desde personas que han
puesto su Hashimoto o migrañas en remisión, hasta quienes han superado ser suicidas,
psicóticos o auto-lesionarse. Tengo un caso de esquizofrenia y otras personas gravemente
discapacitadas que han recuperado su salud mental y física a niveles que no son posibles a
través del modelo convencional. Estamos hablando de no sufrir ningún efecto secundario y
todos beneficios. Creo que esto merece atención.
HLG: ¡Absolutamente! Para terminar hoy, quiero hacerte la pregunta que suelo hacer a mis
invitados: si alguien solo pudiera hacer una sola cosa para mejorar su salud, ¿qué
recomendarías que hiciera?
KB: Es curioso, porque me encanta escribir e investigar. A veces paso semanas y semanas
escribiendo para mi blog sobre un tema específico. Sin embargo, la contribución más viral que
he hecho en Internet es sobre mi desayuno. Es un batido que inventé. No requiere ningún tipo
de polvos de proteínas especiales ni suscripciones a productos específicos. Utiliza alimentos
básicos de cocina, e interesante, en realidad no tiene verduras. No es un jugo verde ni un
batido verde. Esto fue algo extraño que discutí con Nick Gonzalez: ¿cómo es posible que
reciba tantos comentarios sobre este batido? Hay como un coro apasionado de personas que
me dicen cómo les ha ayudado, y ni siquiera lleva col rizada.
La receta está en mi sitio web, pero es muy simple: cacao, ghee, aceite de coco, mantequilla,
yemas de huevo crudas, agua de coco, la fruta congelada que prefieras (a mí me gustan las
cerezas) y colágeno (como el que se obtiene en el caldo de huesos). La razón por la que creo
que cambiar tu desayuno puede ser el primer paso es porque te proporciona una victoria fácil
y anticipada. Si sufres inestabilidad del azúcar en sangre, algo que creo es extremadamente
común, especialmente en aquellos etiquetados con un diagnóstico de depresión, TDAH,
ansiedad, agitación o irritabilidad, o simplemente personas que se sienten confusas o sufren
fatiga mental y dependen del café todo el día, la solución puede ser consumir una cantidad
considerable de grasa natural porque estabiliza el azúcar en la sangre. La respuesta que recibo
es que este batido te hace sentir lleno durante más tiempo y quemas energía de manera más
lenta y consistente. Esa sería mi primera recomendación.
Este artículo apareció en Wise Traditions in Food, Farming and the Healing Arts, la revista
trimestral de la Weston A. Price Foundation, otoño de 2018.
Sobre Hilda Labrada Gore:
Hilda Labrada Gore es la productora y presentadora del podcast Wise Traditions de WAPF y
co-líder de un capítulo de WAPF en Washington, D.C. Es una comunicadora entusiasta y
apasionada del bienestar en todos los niveles, por lo que se la conoce como ‘Holistic Hilda.’
Hilda también es coach de salud y de podcasts. Para seguir sus aventuras por todo el mundo
y obtener consejos sobre vida saludable, suscríbete a su blog en [holistichilda.com](https://
holistichilda.com), visita su canal de YouTube Holistic Hilda y síguela en Instagram y Telegram
@holistichilda. Hilda vive en Washington, D.C., con su familia, su perro y su gato.
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