ESCRITO POR Louisa Williams
TraDUCIDO POR VERÓNICA BELLI OBANDO
Las serias consecuencias de las deformidades dentales
Prácticamente todos quienes siguen el trabajo de la Weston A. Price Foundation están al tanto de la investigación antropológica del Dr. Weston A. Price de los años 1930. Durante una década, este dentista apasionado estudió catorce culturas tradicionales de distintas partes del mundo. Como resultado, publicó el libro Nutritional and PhysicalDegeneration, en el que registró el consumo de una combinación de carne y órganos, pescados, mariscos, huevos y leche fresca, quesos y mantequillas.
Más adelante, Price encontraría que estos grupos, cuando aún no habían estado expuestos a los alimentos refinados y a los tóxicos de la civilización moderna, exhibían las siguientes tres características de una salud excepcional:
- Prácticamente no tenían caries —estas se daban usualmente en menos del 0,5 por ciento.
- Su estructura ósea facial y dental estaba completamente desarrollada; así, lograba alojar a nuestros treinta y dos dientes
- Eran personas que vivían muy “felices y contentas” con lo que Price llamaría “un gran sentido del humor”, que además desplegaban muestras de “una inteligencia superior”. 1
Contrastemos estas señales de salud física y mental con las características de hoy en día:
- Las caries dentales son bastante comunes —consideradas prácticamente un elemento inevitable del desarrollo dental.
- De forma similar, la extracción de las muelas del juicio (los terceros molares) es un rito de paso para casi todos los adolescentes y adultos jóvenes, dado que pocas personas tienen el desarrollo dental y craneofacial necesario para albergar los treinta y dos dientes de una dentadura humana normal.
- Finalmente, el alto porcentaje de personas con prescripción de medicamentos como Prozac, Paxil y Zoloft, tanto en niños como en adultos, demuestra que la ansiedad y la depresión se han convertido en una verdadera epidemia. Adicionalmente, el creciente número de niños con una prescripción de Adderall, Concerta u otros medicamentos para el TDA (Trastorno de Déficit de Atención), el TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad) y otros desórdenes del aprendizaje y del comportamiento ilustra los serios retos que las generaciones más jóvenes están experimentando en la actualidad, tanto psicológicamente como intelectualmente.
Afortunadamente, cada vez más personas se enteran de la importancia de llevar una alimentación rica en nutrientes, gracias —en gran parte— a las enseñanzas de la Weston A. Price Foundation (WAPF) y de la Ancestral Nutrition Foundation (ANF) (antes Price-Pottenger Nutritional Foundation, PPNF). Sin embargo, pocos están al tanto de las serias consecuencias para la salud de las deformidades del arco dental que generan maloclusiones (malas mordidas), las cuales pueden deberse a un déficit de nutrientes durante el desarrollo, propio de las dietas modernas basadas en alimentos refinados y aditivos sintéticos. Este artículo explora el tema en profundidad e intenta servir de guía para la prevención y el tratamiento de las consecuencias dentales de la malnutrición.

La oclusión es la forma en que los dientes superiores e inferiores se encajan al entrar en contacto entre sí. La articulación temporomandibular (ATM) es una articulación esférica y en forma de bisagra que puede desalinearse como consecuencia de la maloclusión —o mala mordida—.
Maloclusión dental
La oclusión es la forma en que los dientes superiores e inferiores se encajan entre sí. Una maloclusión, a menudo denominada mala mordida, ocurre cuando los dientes no se encajan correctamente al cerrar la boca. En esos casos, las mandíbulas también comienzan a desalinearse, lo que arrastra la articulación temporomandibular fuera de su posición normal. Eso puede generar otro síndrome estrechamente relacionado, bien conocido entre los dentistas holísticos, llamado “disfunción temporomandibular” (DTM). El síndrome de la DTM también puede desarrollarse por un trauma, como golpes en la cabeza o accidentes cervicales, que estiran excesivamente los ligamentos y los discos de la articulación temporomandibular.
Causas de la maloclusión
Price constató, a inicios del siglo XX, que la principal causa de la maloclusión es una nutrición insuficiente durante los años formativos. Esta malnutrición, así como la maloclusión dental consiguiente, son el resultado de una alimentación materna deficitaria antes y durante el embarazo, y de una alimentación inadecuada durante la lactancia, la infancia y los primeros años de vida.
Preconcepción y embarazo
Los descubrimientos de Price serían una prueba contundente de la inmensa sabiduría que guardaban nuestros ancestros. Price encontró que las culturas tradicionales seguían dietas especiales desde la preconcepción, durante uno o incluso dos años previos al embarazo. Estas dietas incluían una combinación de carnes de animales de pastura, órganos (como el hígado), huevos, leche cruda, mantequilla, huevas de pescado, alimentos fermentados (como quesos crudos, yogur, chucrut, etc.), nueces, granos recién molidos y frutas y vegetales frescos. Estos alimentos proporcionaban nutrientes importantes para el correcto desarrollo infantil, como las vitaminas A, D, E y K2, presentes en las grasas de animales alimentados con pasturas; las vitaminas A, D, E y K2 y los ácidos grasos omega-3 en el aceite de hígado de bacalao, y la biotina en el hígado y las yemas de huevo.
Pesticidas
Otra influencia perniciosa en el desarrollo normal de la mandíbula y de los dientes es el uso extensivo de pesticidas, insecticidas y otros químicos tóxicos, iniciado a partir de la Segunda Guerra Mundial. Estos químicos tienen un doble efecto —tanto en el estado nutricional de la madre como en la salud del bebé en desarrollo—. Desafortunadamente, se han realizado pocos esfuerzos de investigación en el asunto; los estudios longitudinales (a largo plazo) que podrían medir con exactitud el efecto de estos compuestos en el crecimiento de los dientes y huesos serían bastante costosos. Ciertamente, las compañías químicas no están interesadas.
Sin embargo, la investigación evidencia que estos químicos contribuyen enormemente a las deformidades de dientes y huesos. En un estudio en Irlanda, el uso de fungicidas para combatir la roya de la papa en los años 1980 mostró una relación con una alta incidencia de varias malformaciones físicas, incluidas deformidades óseas y faciales en bebés.9 En otra investigación, de seis años de duración, publicada en Wise Traditions, se encontró que los herbicidas y fungicidas causaban anormalidades óseas y dentales severas en caballos, venados, alces, antílopes, aves y otros animales. Sorprendentemente, este estudio, que identificó numerosas malformaciones, incluyendo la sobremordida y el resalte dental (“mordida de conejo”), la mordida inferior (“apariencia de bulldog”), los dientes torcidos y apiñados, y el paladar hendido, fue llevado a cabo en Bitterroot, Montana —un lugar promocionado como “El último gran lugar” en la Tierra, debido a su aire y agua supuestamente impolutos.10
Una explicación es que los pesticidas consumen una gran cantidad de nuestros depósitos de vitamina A, críticos para la correcta formación ósea. De hecho, la toxicidad de estos químicos se debe a que perturban nuestras rutas de vitamina A.
Empastes dentales
Irónicamente, otro gran contribuyente a las maloclusiones son las intervenciones dentales modernas. Cuando una nutrición deficiente da origen a las caries dentales, los dentistas reparan el agujero con un relleno, una incrustación o una corona. Estas restauraciones dentales, que van desde la más pequeña, un relleno, hasta la más grande, una corona, no siempre están colocadas a la altura correspondiente al diente original. Cuando se posicionan demasiado arriba, generan interferencia con el resto de la mordida y pueden chocar con el otro diente con mucha fuerza, lo que eventualmente inflama los nervios circundantes, los ligamentos y el tejido de las encías de ambos dientes.
También puede ocurrir lo opuesto. Esto es: la restauración dental puede colocarse demasiado por debajo. De hecho, para evitar el primer problema de interferencia por restauraciones colocadas a demasiada altura, actualmente a muchos dentistas se les enseña a rebajar ligeramente el empaste. Aunque esto soluciona el problema de interferencia, después de colocar varios empastes rebajados, la altura de la dentadura del paciente se reduce significativamente. Esto puede llevar a una maloclusión ligera a moderada, ya que los dientes dejan de ocluir, es decir, de encajar juntos de forma apropiada.
Adicionalmente, en un intento vano de encontrar su mordida original, los pacientes muy a menudo empezarán a tensar y machacar sus dientes, lo que solo incrementará el problema al seguir erosionando la altura de los dientes. La respuesta al problema de una dentadura muy alta o muy baja es una restauración bien ejecutada (y libre de tóxicos) —relleno, incrustación o corona— que sea cuidadosamente dimensionada para copiar la arquitectura original de los dientes de la forma más fiel posible, y colocada por un dentista bien entrenado y técnicamente hábil.
El gran impostor
Dado que las maloclusiones y los desórdenes relacionados con la articulación de la mandíbula provocan un amplio abanico de afecciones en nuestro cuerpo, este síndrome ha sido denominado “el gran impostor”. Los desórdenes relacionados con la articulación de la mandíbula imitan muchos otros problemas crónicos que, a su vez, presentan numerosos síntomas, como las alergias alimentarias y el sobrecrecimiento de cándida. Más allá de eso, dado que las maloclusiones son causantes de tantos signos y síntomas diversos, a menudo distantes de la cabeza y el cuello, muchos doctores que no están familiarizados con este síndrome no lo reconocen, y por ende no saben diagnosticarlo ni tratarlo como es debido.
Fallo autonómico
En un estudio realizado en Japón, que probablemente haría sufrir a los amantes de los animales, los dientes superiores e inferiores de perros beagle fueron limados de un solo lado (el derecho) hasta una longitud aproximada de 3 mm. Esto se hizo para determinar los efectos sistémicos de las maloclusiones. Los resultados fueron dramáticos. Cada uno de estos perros fue exhibiendo numerosos signos de “fallo autonómico”, incluyendo pérdida de peso, caída del pelo, pérdida de brillo del pelaje, así como salivación y lacrimación excesivas. Adicionalmente, estos perros presentaron anormalidades motoras y posturales significativas, incluyendo temblores nocturnos, debilidad muscular, posturas anormales al sentarse, incapacidad para caminar en línea recta e ineptitud generalizada.11 Aunque el dolor crónico es difícil de medir en animales, si consideramos todas estas anormalidades musculoesqueléticas, es altamente probable que estos perros estuvieran sufriendo dolor crónico en los músculos y las articulaciones. Con esta investigación como referencia, aquellos individuos con dolor crónico en hombro, cadera, rodillas o espalda que han intentado distintos tratamientos sin éxito y sospechan que podrían tener una maloclusión deberían considerar consultar a un dentista u ortodoncista que pueda evaluarlos.

Paladar superior en forma de V, a la izquierda, perteneciente a un adulto moderno, comparado con el paladar en forma de U de un adulto de generaciones pasadas, formado por alimentos densos en nutrientes. La estrechez del paladar se debe a deficiencias nutricionales.
Aflicciones respiratorias
Existen problemas respiratorios más leves que también constituyen manifestaciones clásicas de una maloclusión. De hecho, no es un misterio que los dientes torcidos y amontonados, así como la apnea del sueño, hayan aumentado su incidencia a un ritmo sin precedentes. Esta aflicción respiratoria nocturna, así como el insomnio resultante, está estrechamente entrelazada con un paladar estrecho y en forma de “V”, que ejerce presión hacia arriba sobre la base de la cavidad nasal, lo que disminuye la eficiencia respiratoria del individuo. Esto obliga a muchos niños (y adultos) a abrir la boca por la noche para respirar más oxígeno.
Raymond Silkman, un médico dental holístico y colaborador de la Weston A. Price Foundation, ha descrito este hábito de respirar por la boca como una señal de aflicción crónica del sistema nervioso autónomo —similar a lo que ocurrió con los perros en el estudio japonés—. El Dr. Silkman encontró que estos pacientes, respiradores orales, viven con una tensión permanente y experimentan una sensación crónica de estar en “alerta” debido a sus sistemas nerviosos simpáticos hiperactivados.12 La anoxia (falta de oxígeno) sistémica resultante, que va de leve a severa, tiene un efecto negativo en cada célula del cuerpo y se ha vinculado además con ansiedad crónica, ciertos tipos de dolores de cabeza, hipertensión, frecuencia cardíaca reducida (bradicardia), desregulación de la coagulación sanguínea, enuresis (micción involuntaria) e infecciones crónicas de nariz, oídos y senos paranasales.13
Coeficiente intelectual
Otro pionero en la salud dental, similar al Dr. Price, fue el Dr. A.C Fonder, autor del renombrado libro sobre salud dental “The Dental Physician” (“El dentista”), quien estudió el efecto que las maloclusiones tenían en los niños en edad escolar. En un grupo de cien niños en edad escolar, Fonder encontró que el porcentaje de niños con resultados por debajo del promedio en el coeficiente intelectual y en las pruebas de logros era del 47 por ciento. De estos, el 100 por ciento presentaba maloclusiones, desde menores (17 por ciento) hasta severas (83 por ciento). Esto se oponía rotundamente a los cincuenta y tres niños restantes que tuvieron un resultado por encima del promedio, entre quienes solo había un caso de maloclusión severa (2 por ciento), cuarenta y tres maloclusiones menores (81 por ciento) y nueve oclusiones ideales (17 por ciento).14
Problemas psicológicos y auditivos
En este mismo estudio, el 100 por ciento del grupo por debajo del promedio presentaba problemas psicológicos; entre quienes, un porcentaje significativo (31,9 por ciento) presentaba problemas serios. Mientras que el grupo por encima del promedio, entre quienes las maloclusiones eran menores o inexistentes, presentaba un 0 por ciento de problemas psicológicos severos, la mayoría (74 por ciento) no demostró problema mental o emocional alguno.15
Finalmente, sabiendo que la capacidad auditiva está estrechamente relacionada con la inteligencia, así como con el correcto funcionamiento de la articulación temporomandibular (ATM), Fonder cuantificó la agudeza auditiva en ambos grupos. Los resultados fueron impresionantes, una vez más: el 83% del grupo por debajo del promedio con problemas psicológicos severos presentaba una pérdida de su capacidad auditiva general del 15% al 40%. Una vez más, en contraste, el 100 por ciento de los estudiantes por encima del promedio con oclusiones ideales presentaba una capacidad auditiva por encima del promedio.16
Algunos síntomas relevantes para realizar un autodiagnóstico
Aunque un diagnóstico certero de maloclusión solo puede realizarlo un especialista capacitado o un ortodoncista, existen algunos síntomas relevantes que pueden ayudarnos a decidir si es necesario agendar una cita. Estos incluyen la dificultad para respirar, el insomnio y la apnea del sueño, las dificultades para tragar (como la dificultad para tragar pastillas), el dolor al abrir o cerrar la mandíbula (o una historia de haber tenido la mandíbula trabada), el dolor de cabeza tensional y el dolor crónico de cuello o de la espalda media o baja. Una articulación de la mandíbula que suena al moverse también es un indicador de una posible maloclusión y de trastornos temporomandibulares. (Debería notarse, sin embargo, que los autores de un artículo estimaron que entre el 60 y el 80 por ciento de la población emite algún tipo de sonido al mover las mandíbulas; por ende, este factor solo debe considerarse significativo cuando el sonido es especialmente alto).
Además, todos los padres de niños con síntomas cognitivos, de comportamiento u otros síntomas neuropsiquiátricos, incluyendo el Trastorno de Déficit Atencional (TDA), el Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), el Trastorno Obsesivo Compulsivo (TOC), el Síndrome de Tourette, el Trastorno del Espectro Autista (TEA) o el Síndrome de Down, deberían considerar una cita con un dentista holístico entrenado en terapia funcional ortopédica. Esto es necesario con toda seguridad si el niño tiene los dientes apiñados, un paladar estrecho en forma de V (en lugar de U) o si uno o ambos padres tienen maloclusión.
Finalmente, uno de los síntomas más patognomónicos (es decir, cuya presencia confirma el diagnóstico) de una oclusión significativamente alarmante es no poder encontrar tu mordida. De hecho, la respuesta típica a esta pregunta durante un examen físico es: “¿Qué mordida?”. Así, dado que estos pacientes no tienen un lugar cómodo para descansar verdaderamente sus dientes, andan buscando entre varias posibles posiciones de mordida o encuentran algún lugar adaptable, aunque no sea del todo satisfactorio. Esta mordida disfuncional puede ser de ayuda para el diagnóstico de maloclusión; para confirmar dicho diagnóstico, la mordida debe ir acompañada de varios gestos faciales y de otros síntomas de perturbaciones dentales e inquietud general en la expresión de una persona.
El tratamiento de la maloclusión
Existen dos caminos principales para el tratamiento de las maloclusiones: el tratamiento ortodóntico convencional y el tratamiento ortodóntico funcional. Con el tratamiento ortodóntico convencional, la “cura” a menudo puede ser peor que la enfermedad. Esta consiste en la extracción de cuatro o más piezas dentales —típicamente los primeros bicúspides—, seguida de la colocación de brackets y, posteriormente, de retenedores para mantener los dientes en su lugar. El sacrificio de estos cuatro dientes bicúspides saludables se realiza para aliviar el problema común del apiñamiento dental, secundario al subdesarrollo de la mandíbula, resultante de una nutrición gestacional e infantil inadecuada. En contraste, el cuidado ortodóntico funcional rara vez requiere extracciones; en su lugar, el dentista utiliza aparatos orales o férulas para asistir a la naturaleza y fomentar el crecimiento de los arcos dentales subdesarrollados. Con el tiempo, estos aparatos funcionales van moviendo y expandiendo los arcos dentales, permitiendo que los dientes y los huesos crezcan de acuerdo a —o al menos más cercanamente a— su huella genética de desarrollo original.
El estudio británico de gemelas
Las consecuencias negativas de la ortodoncia convencional quedaron demostradas de forma dramática en lo que los dentistas holísticos suelen llamar “el estudio británico de gemelas”.
En este estudio clínico, gemelas idénticas con maloclusiones de clase 1 (dientes apiñados) fueron tratadas de dos formas totalmente distintas. La primera gemela, denominada “EO” (por “extracción ortodóntica”) fue tratada de forma convencional con la extracción de sus cuatro premolares, seguida del uso de brackets. La otra gemela, denominada “OF” (por “ortodoncia funcional”), no tuvo extracciones y se le realizó una ampliación funcional con el aparato de Fraenkel, para expandir y desarrollar sus dientes y mandíbulas.17 En ambos casos, el tratamiento duró trece meses. Como puede verse en las fotos de antes y después, los resultados fueron drásticamente distintos.
El Dr. H. L Eirew, quien publicó este estudio clínico en la International Journalof Orthodontics,18 hizo las siguientes observaciones: “La gemela OF, tratada con una ampliación de Fraenkel, muestra un arco con una forma redondeada y satisfactoria. El arco dental superior se amplió en 4-5 mm entre los primeros premolares y en 2 mm entre los primeros molares. El desarrollo del arco dental inferior fue similar. Facialmente, tiene buena apariencia, con una forma facial redondeada que complementa su atractivo arco dental. Está feliz con el resultado de su tratamiento ortodóntico y considera que el esfuerzo por usar el aparato ha sido recompensado.”
“La gemela EO, tratada mediante extracciones, muestra algún alivio del apiñamiento dental y de la irregularidad incisal. Sin embargo, ella aún tiene un arco reducido y estrecho. No se produjo un desarrollo lateral adecuado. Los espacios de las extracciones residuales son visibles aún después de más de tres años. Los dientes molares y premolares se han desviado de la oclusión adecuada en ambos lados. La mordida profunda aún persiste. La apariencia del arco dental no es buena…”
“Su deterioro facial ha sido bastante desastroso. De sus 12 a sus 14 años, se ha convertido en una “pequeña anciana” en comparación con su hermana. Los cambios que han aparecido se asemejan a los observados en las personas mayores cuando la resorción ósea sigue a la caída múltiple de dientes.”19
Lo más perturbante de todo fue el efecto emocional que la ortodoncia tuvo en la gemela EO. El Dr. Eirew notó que ella “estaba sumamente al tanto de la marcada diferencia entre su propia apariencia y la de su hermana, y que eso había desarrollado en ella un complejo de inferioridad considerable.”20 De hecho, la gemela EO estaba tan desconsolada al ser la “hermana fea” que decidió retirarse del estudio y la investigación posterior de este caso tuvo que ser descontinuada.21

Fotos de ambas gemelas antes del tratamiento. La gemela en la imagen superior recibió un tratamiento convencional, basado en la extracción dental. La gemela de la imagen inferior recibió tratamiento con un aparato expansor.

Fotos de ambas gemelas después del tratamiento. Nótese la estructura facial más amplia y atractiva de la gemela tratada con un aparato expansor. Imágenes cortesía del Dr. Terrance J. Spahl.
El milagro de las expansiones
El Dr. Weston A. Price, el médico dental holístico por excelencia, no solo se especializó en nutrición y en el tratamiento de focos de infección dental localizados (como las endodoncias fallidas), sino que también fue pionero en la ortodoncia funcional. En otro caso dramático de ortodoncia funcional, Price amplió el estrecho arco superior de un adolescente con síndrome de Down en aproximadamente media pulgada, utilizando un dispositivo de expansión palatina a modo de varilla, ubicado entre los dientes superiores. Al crear un espacio, el nuevo hueso maxilar se llenó rápidamente. Posteriormente, este espacio se mantuvo con un puente fijo adherido a dos dientes.22
Una vez más, los resultados de la expansión palatina fueron notables. Al paciente de dieciséis años se le había medido previamente un coeficiente intelectual equivalente al de un niño de cuatro años, y estaba tan seriamente discapacitado, física y mentalmente, que solía jugar todo el día con bloques sobre el piso. Sin embargo, seis meses después de la expansión del paladar, era capaz de ir a tiendas de abarrotes y traer el vuelto correcto a su madre, de pasar de un tren a otro en sus viajes y de hacer transbordos en el transporte público de manera segura y acertada, así como de leer cuentos de niños y los titulares de los periódicos. La apariencia física de este adolescente también se transformó de manera dramática. Creció tres pulgadas en cuatro meses, le brotaron patillas y sus genitales pasaron de ser infantiles a propios de su edad. Estos cambios de maduración hormonal fueron el resultado directo de la estimulación de la glándula pituitaria por la expansión de la silla turca, es decir, la depresión en forma de silla de montar en el hueso craneal esfenoides que alberga la hipófisis. En el síndrome de Down, está bien documentado el fallo en el desarrollo del tercio medio del rostro y de la glándula pituitaria. Finalmente, la severa apnea del sueño que sufría este paciente fue aliviada cuando el aparato expansor abrió su fosa nasal izquierda, que solía estar completamente ocluida, de manera que pudo respirar adecuadamente.24

El progreso de la expansión palatal durante un periodo de aproximadamente seis meses, utilizando una varilla en el paciente del Dr. Price con síndrome de Down.

Las fotos de antes y después del marcado efecto de la expansión del paladar en un adolescente con síndrome de Down.
Acumulación de molares primarios en niños pequeños
Para aquellos padres preocupados por el cumplimiento de sus hijos en el uso de aparatos orales, así como por el costo, existe una alternativa disponible para ciertas maloclusiones y para determinados grupos de edad. Dado que las posibles maloclusiones de Clase II (sobremordida) pueden detectarse a partir de los cuatro o cinco años (o incluso antes), una simple acumulación de material compuesto plástico en los molares inferiores primarios (deciduos o de leche) del niño puede favorecer una oclusión normal con el tiempo, o al menos reducir considerablemente la necesidad de aparatos de expansión posteriores e incluso de ortodoncia. Además, esta técnica tiene la gran ventaja de la facilidad de cumplimiento, ya que el material compuesto, correctamente ajustado y equilibrado intermitentemente (recortado según sea necesario), no requiere esfuerzo ni fuerza de voluntad por parte del niño. El Dr. Merle Loudon, dentista holístico del estado de Washington, enumera las ventajas de este sencillo método en su estudio publicado en la revista TheFunctionalOrthodontist:
“Las reconstrucciones coronarias primarias pueden ofrecer numerosos beneficios adicionales para un paciente joven con oclusión excesiva. El tratamiento temprano puede ahorrar meses de tratamiento ortodóncico vertical posterior. La posición del cóndilo temporomandibular (ATM) puede mejorar notablemente. El retorno a la posición normal de la lengua permitirá un crecimiento normal de la mandíbula.”²⁵
Conclusión
Debido principalmente a las serias deficiencias nutricionales durante nuestros años formativos, las maloclusiones dentales se han convertido en una pandemia en el mundo moderno. Estas “malas mordidas” han sido correlacionadas con síntomas locales como el dolor de cuello y mandíbula, los dolores de cabeza, problemas de oídos, nariz y garganta, así como infecciones de los senos nasales y la pérdida de agudeza auditiva. Las perturbaciones en el cerebro y el sistema nervioso también son características de este síndrome del “gran impostor”, incluyendo los trastornos del comportamiento y del aprendizaje, la apnea del sueño, la ansiedad crónica y la depresión.
A pesar de que hoy en día muy pocos de nosotros tenemos una mordida perfecta, quienes piensan que pueden tener maloclusiones significativas deberían considerar consultar a un dentista holístico u ortodoncista funcional. Los padres que sospechan que sus hijos pueden tener esta disfunción deberían considerar este tratamiento, dado que, junto con una dieta densa en nutrientes, es capaz de aumentar en gran medida el desarrollo dental y craneofacial de sus hijos, promoviendo así la expresión y el funcionamiento completos del cerebro y del sistema nervioso.
ANEXO:
El uso de biberones en el desarrollo del paladar
Muchos insisten en que el uso de biberones contribuye a un desarrollo deficiente del paladar, mientras que el amamantamiento serviría como un tipo de aparato ortodóntico. La teoría es que los bebés alimentados con biberón enfrentan desafíos mecánicos estructurales debido a la acción muscular anómala que la alimentación con biberón ejerce sobre la lengua. De acuerdo con este punto de vista, cuando los bebés amamantan, obtienen leche mediante un movimiento peristáltico natural de la lengua, similar a una ola, que comprime suavemente el pezón contra el paladar, que, aunque es duro en los infantes, es bastante maleable. Este movimiento natural de la lengua se dice que moldea el paladar en forma de U y favorece el desarrollo adecuado de la mandíbula.2 En contraste, de acuerdo con esta teoría, el infante alimentado con biberón debe emplear una fuerza de succión similar o un movimiento ondulatorio de la lengua para obtener leche o fórmula de un pezón artificial, lo que conduce a un paladar estrecho y antinatural en forma de V.3 También se dice que la alimentación en biberón disrumpe los hábitos normales de deglución.
Los proponentes de esta teoría hacen referencia a un estudio publicado en la American Journalof Preventive Medicine (Revista Americana de Medicina Preventiva) en 1981, titulado “DoesBreastfeedingProtectAgainstMalocclusion?AnAnalysisofthe 1981 Child HealthSupplementtotheNationalHealth Interview Survey” (“¿La lactancia tiene un efecto protector contra la maloclusión? Análisis del suplemento infantil de 1981 de la Encuesta Nacional de Entrevistas de Salud.”)4 Este estudio encontró una asociación entre la alimentación en biberón con la maloclusión: los niños que habían sido amamantados por doce o más meses tenían una incidencia de maloclusión reportada del alrededor del 16 por ciento, mientras que aquellos que habían sido amamantados entre cero y tres meses tenían una incidencia de maloclusión reportada del 33 por ciento. Un fallo importante en la recopilación de información es que la incidencia de maloclusión fue reportada por los padres según su criterio; es decir, no fue determinada mediante una evaluación ortodóntica.
Los autores citan otro estudio, llevado a cabo en Checoslovaquia, el cual encontró una ligera asociación entre la alimentación en biberón y la oclusión dental: entre aquellos bebés amamantados entre cero y tres meses, el 36,4 por ciento tenía anormalidades; entre aquellos alimentados entre cuatro y seis meses, el 32,1 por ciento tenía anormalidades; y entre aquellos amamantados por más de seis meses, el 24,2 por ciento tenía anormalidades.5
En contraste, una encuesta informal entre los miembros de la WAPF con respecto a sus hijos alimentados totalmente con botella, encontramos que seis de cada siete tenían dientes naturalmente alineados.6 El dentista holístico Raymond Silkman reporta solo una leve correspondencia entre el desarrollo craneofacial y el tiempo que el niño fue amamantado, y asegura haber observado una severa maloclusión dental en algunos niños que fueron amamantados por completo. Según indica, esto suele ocurrir con mayor frecuencia cuando la madre es vegana o vegetariana.7
El problema con las encuestas publicadas es que es imposible separar los efectos físicos de la alimentación en botella de las deficiencias nutricionales de la fórmula. La verdadera pregunta sería: ¿lo que causa las deformidades dentales es la botella o lo que contiene? Claramente, la alimentación en botella no necesariamente condena a un niño a tener un paladar estrecho — tal y como el amamantamiento no garantiza un desarrollo normal. La experiencia de madres que alimentan a sus bebés adoptivos con una fórmula densa en nutrientes elaborada con leche cruda indica que el factor clave para un desarrollo facial normal es la nutrición, no la acción física del amamantamiento ni la succión de una botella.
Cuando un niño ha sido debidamente nutrido, crecerá acorde con la huella genética de un paladar en forma de U y de una mandíbula amplia. Este patrón puede ser interrumpido por la aplicación de una presión constante —tal y como el atamiento de pies en Asia o la costumbre de aplanar la cabeza de los bebés con una tabla en Sudamérica. El amamantamiento en botella no es una actividad constante y, cuando el bebé está bien nutrido, es poco probable que contribuya a la deformación del paladar; pero cuando el bebé no ha sido bien nutrido, la succión de una botella puede ser un factor contribuyente, especialmente si el bebé también succiona su dedo o un chupón durante muchas horas al día. (En cuanto a la succión de dedos, al menos tres grandes estudios han encontrado que no existe una diferencia significativa entre los hábitos de infantes alimentados con botella o con el seno materno.8)
La amplia variedad de deformaciones dentales, mostrada a continuación, no indicaría que la alimentación en botella o la succión de dedos sean una causa principal de deformaciones del paladar. Es interesante notar que la mayoría de los infantes mamíferos succionan un pezón muy estrecho, no un pecho lleno, y sin embargo, las maloclusiones son escasas en el reino animal.
Sally Fallon Morell


REFERENCIAS:
1. Price, W. Nutrition and Physical Degeneration. Los Angeles: The American Academy of Applied Nutrition, 1939, pp. 134, 198, 251.
2. Palmer, B. The influence of breastfeeding on the development of the oral cavity: A commentary. PPNF Journal, Winter 1999, Volume 23, #4, p. 5.
3. Pottenger, F. The relative influence of the activity of artificial and breast feeding on facial development. PPNF Journal, Winter 1999, Volume 23, #4, pp. 6-8.
4. Labbok MH and others. Does Breast-feeding Protect Against Malocclusion? An Analysis of the 1981 Child Health Supplement to the National Health Interview Survey. American Journal of Preventive Medicine 1987;3(4): 227-232.
5. Adamiak E. Occlusion anomalies in preschool children in rural areas in relation to certain individual features. Czas Stomat 1981;34:551-5.
6. Personal communication, Sally Fallon Morell.
7. Personal communication Dr. Raymond Silkman.
8. Labbok MH and others. Does Breast-feeding Protect Against Malocclusion? An Analysis of the 1981 Child Health Supplement to the National Health Interview Survey. American Journal of Preventive Medicine 1987;3(4): 228.
9. Hoy, J. Clouds of death: Catastrophic effects of winddrift chemicals and locally sprayed pesticides on western Montana fauna. Wise Traditions, Fall 2002, Volume 3, #3, p. 21.
10. Ibid, p. 13.
11. Sumioka, T. Systemic effects of the peripheral disturbance of the trigeminal system: Influences of the occlusal destruction in dogs. J. Kyoto Pref. Univ. Med., Volume 10, #98, pp. 1077-1085.
12. Silkman, R. Is it mental or is it dental?: Cranial and dental impacts on total health. Wise Traditions, Volume 7, #1, Winter 2005/Spring 2006, p. 19.
13. Ibid
14. Fonder, A. The Dental Physician. Rock Falls, IL: Medical-Dental Arts, 1985, pp. 339-350.
15. Ibid.
16. Ibid.
17. Witzig, J. and Spahl, T. The Clinical Management of Basic Maxillofacial Orthopedic Appliances: Volume 1 Mechanics. Littletown, MA: PSG Publishing Company, Inc., 1987, pp. 162-166.
18. Eirew, H. An orthodontic challenge. International Journal of Orthodontics, Volume 14, 1976, p. 24.
19. Ibid.
20. Ibid.
21. Witzig, J. and Spahl, T. The Clinical Management of Basic Maxillofacial Orthopedic Appliances: Volume 1 Mechanics. Littletown, MA: PSG Publishing Company, Inc., 1987, pp. 162-166.
22. Price, W. Nutrition and Physical Degeneration. Los Angeles: The American Academy of Applied Nutrition, 1945, p. 357.
23. Ibid.
24. Ibid.
25. Loudon, M. Vertical dimension-Primary molar buildup. The Functional Orthodontist, May/June 1987, pp. 38-39.
Este artículo formó parte de WiseTraditions in Food, Farming and theHealingArts, la revista trimestral de la Weston A. Price Foundation, en la edición de otoño de 2009.
Acerca de Louisa Williams
Tras trabajar en el campo de la kinesiología aplicada y como quiropráctica, la Dra. Williams asistió a la Universidad Bastyr y se graduó en 1990 como médico naturópata.
Su libro, Radical Medicine, fue escrito para educar y apoyar a médicos y profesionales comprometidos que consideran inaceptables los resultados subóptimos en sus pacientes. Asimismo, para todas las personas con una mentalidad holística que se han esforzado mucho por sentirse mejor, pero que descubren que las pautas generales de salud (ocho horas de sueño, una buena alimentación, agua filtrada y ejercicio regular) simplemente no son suficientes en este mundo tóxico moderno para alcanzar su derecho fundamental: una salud vibrante y óptima.
Visita la web de la Dra. Louisa Williams en www.louisawilliamsnd.com
🖨️ Print post

Leave a Reply