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Escrito por Morton Satin, PhD, vicepresidente, departamento de Ciencia e InvestigaciΓ³n, Salt Institute (Instituto de la Sal, Estados Unidos)
Traducido por Veronica Belli Obando
Aparte del agua, la sal (cloruro de sodio) es el ingrediente mΓ‘s presente en la alimentaciΓ³n de toda la humanidad. La sal es un nutriente esencial para la vida y la buena salud; contiene sodio (Na+), el ion positivo predominante en el lΓquido extracelular de todos los animales pluricelulares.
Habiendo evolucionado originalmente de un ambiente marino, la proporciΓ³n sal-agua en el cuerpo humano es crΓtica para nuestro metabolismo. El plasma humano contiene cloruro de sodio en un 0.9 por ciento, la mayorΓa del cual lo obtenemos de la comida, y una pequeΓ±a porciΓ³n del agua. El requerimiento bΓ‘sico del cuerpo humano es de 1.5 cucharaditas (8 gramos) diarios de sal.
La sal es un nutriente esencial
En estudios clΓnicos, la sal es calculada en milimoles (mmol) de sodio. Cien milimoles (mmol) de sodio equivalen a 2300 mg de sodio en peso, cantidad que ocurre en 1 cucharadita (5 gramos) de sal.
Si no consumimos suficiente sodio, nuestro metabolismo, dirigido por mecanismos especΓficos de retroalimentaciΓ³n, se coloca en una modalidad de ahorro de sodio, de manera que el sistema circulatorio pueda mantener su balance osmΓ³tico y una presiΓ³n sanguΓnea adecuada. Esto tiene varias consecuencias importantes para nosotros. Una ingesta reducida de sodio se caracteriza por estimular el sistema hormonal renina-angiotensina-aldosterona (SRAA). La renina, primera enzima en participar del SRAA, ha demostrado claramente su incremento en una curva de dosis-respuesta a medida que la ingesta de sodio cae por debajo de los 150 mmoles de sodio (o 1.5 cdtas/8 g de sal) al dΓa. A partir de una ingesta menor a 110 mmoles (6 g) de sodio al dΓa, la renina incrementa rΓ‘pidamente. El mecanismo de retroalimentaciΓ³n del SRAA es la medida mΓ‘s transparente de nuestra respuesta a distintas dosis de sal, y es un indicador fundamental de la suficiencia de nuestra ingesta de sodio.
Esta cascada de reacciones aparece como un mecanismo que nos ayuda a mantener el balance osmΓ³tico y la presiΓ³n sanguΓnea, sin embargo, niveles crΓ³nicamente elevados de renina y aldosterona, tienen efectos negativos significativos en la condiciΓ³n del sistema circulatorio y pueden estimular la presencia de agentes inflamatorios dentro de nuestro cuerpo. Entre los resultados negativos de los niveles crΓ³nicamente elevados de renina y aldosterona estΓ‘n la resistencia a la insulina,2 el sΓndrome metabΓ³lico,3 la enfermedad cardiovascular,4 la pΓ©rdida cognitiva,5 y otros.
La sal y la presiΓ³n sanguΓnea
El enorme interΓ©s pΓΊblico en el consumo de sal parte de la preocupaciΓ³n por su supuesto impacto negativo en la presiΓ³n sanguΓnea de todos. Desafortunadamente, por mucho tiempo se viene difundiendo con mucho Γmpetu esta informaciΓ³n que no es mΓ‘s que un mito. La respuesta general a la reducciΓ³n de la sal en la presiΓ³n sanguΓnea es heterogΓ©nea en toda la poblaciΓ³n.6 Con grandes reducciones en nuestra ingesta de sal (reducciones por debajo de la mitad de nuestro consumo actual), alrededor del 30 por ciento de la poblaciΓ³n experimentarΓ‘ una ligera disminuciΓ³n (2-6 mm) en la presiΓ³n sistΓ³lica, mientras que alrededor del 20 por ciento experimentarΓ‘ un incremento similar en la presiΓ³n sistΓ³lica, y el 50 por ciento restante de la poblaciΓ³n no experimentarΓ‘ efecto alguno. Considerando el impacto relativamente bajo que tienen las grandes reducciones de sal en la presiΓ³n sanguΓnea, es lamentable que los consumidores no estΓ©n al tanto de que existen muchas otras consecuencias, negativas, como resultado de reducir la sal en nuestra dieta.
Esfuerzos pΓΊblicos para reducir la sal
A fines de los aΓ±os ochenta, en respuesta a la nociΓ³n de que el sodio tendrΓa un gran impacto en la presiΓ³n sanguΓnea de la poblaciΓ³n, se llevΓ³ a cabo un estudio internacional en cerca de diez mil personas denominado βInterSaltβ para determinar el impacto del consumo de sal en la presiΓ³n sanguΓnea.7 En la mayorΓa de paΓses, el consumo per cΓ‘pita de sodio estaba entre los 130 y los 210 mmoles de sodio, equivalentes a 1.3 y 2 cdtas (7-10 g) de sal. Los resultados generales indicaron que no existΓa un patrΓ³n claro entre la ingesta de sal y la presiΓ³n sanguΓnea. Sin embargo, entre los 52 grupos estudiados, hubo 4 grupos poblacionales que demostraron ingestas de sal excepcionalmente bajas y presiones sanguΓneas muy por debajo del promedio. Entre estos, la poblaciΓ³n con el menor consumo de sal fueron los indΓgenas Yanomami, habitantes del bosque hΓΊmedo en Brasil. Normalmente, en un estudio, aquellos puntos de informaciΓ³n que se distancian por mucho del resto son considerados valores atΓpicos y generalmente son excluidos del anΓ‘lisis. En este caso los valores atΓpicos sΓ fueron incluidos: se dibujΓ³ una lΓnea desde estos hacia el resto de los valores de la poblaciΓ³n con la finalidad de demostrar la existencia de un patrΓ³n que relacionaba el consumo de sal con la presiΓ³n sanguΓnea. (Ver Figura 1.) (Nota: si esos 4 valores atΓpicos hubieran sido excluidos al momento de trazar la lΓnea, como se debe hacer, el consumo de sal y la presiΓ³n sanguΓnea no siguen un patrΓ³n establecido de dosis-respuesta).

Figura 1. Estudio InterSalt
AsΓ fue que, el hecho de que los Yanomami tuvieran niveles permanentemente bajos de presiΓ³n sanguΓnea fue utilizado como justificaciΓ³n, a pesar de lo cuestionable de la comparaciΓ³n entre las sociedades modernas occidentales y aquellas con estilos de vida, niveles de actividad fΓsica, ingesta calΓ³rica y estrΓ©s ambiental tan distintos. Los Yanomami son descritos en la literatura etnogrΓ‘fica como personas agresivas y con tendencia a la violencia. Por ejemplo, el estrΓ©s asociado a este carΓ‘cter, junto con la exposiciΓ³n continua a estresores ambientales, no parece influenciar la presiΓ³n sanguΓnea de los Yanomami, como sΓ ocurrirΓa con otros grupos. Mientras que los bajos niveles de presiΓ³n sanguΓnea de los Yanomami ha sido atribuido a su consumo reducido de sal, un motivo mΓ‘s razonable parece ser su ausencia casi completa del genotipo D/Dβrasgo genΓ©tico que comparten con otros grupos indΓgenas americanos, como los indΓgenas Xingu de la AmazonΓa, uno de los otros 4 grupos con valores atΓpicos. Y si bien los Yanomami no experimentan un incremento en la presiΓ³n sanguΓnea con la edad, tambiΓ©n se caracterizan por su baja estatura, su alta tasa de mortalidad, y su alta fertilidad, pero con una esperanza de vida baja. TambiΓ©n resulta interesante notar que, a pesar de su larga historia de evoluciΓ³n en un ambiente con poco acceso a la sal, su organismo nunca se ha aclimatado del todo a las ingestas bajas de sodio, mostrando niveles crΓ³nicamente altos de renina en plasma. A pesar de esto, la informaciΓ³n de los Yanomami fue incluida en los anΓ‘lisis formales del estudio InterSalt, que en un error han iniciado la ola mΓ‘s reciente de esfuerzos por disminuir la ingesta pΓΊblica de sal.
La justificaciΓ³n para los supuestos mΓ©ritos de una reducciΓ³n significativa del consumo de sal a nivel de toda la poblaciΓ³n fue difundida a travΓ©s de la teorΓa de la estrategia poblacional Rose,8 que afirma que la mayorΓa de riesgos para la salud, incluyendo la hipertensiΓ³n, estΓ‘n distribuidos de manera continua a lo largo de toda la poblaciΓ³n, en lugar de limitarse a los grupos especΓficos de alto riesgo. Esta teorΓa se muestra en la Figura 2.9

Figura 2. Estrategia poblacional Rose
De acuerdo con esto, pequeΓ±as reducciones en la presiΓ³n sanguΓnea (como aquellas alcanzables a travΓ©s de una reducciΓ³n grande de sal) para toda la poblaciΓ³n, incluyendo individuos con presiΓ³n sanguΓnea normal, podrΓan reducir la incidencia de enfermedad cardiovascular en toda la poblaciΓ³n. Esto dio pie a la idea de que una gran cantidad de vidas -y millones de dΓ³lares en costos de atenciΓ³n mΓ©dica- podrΓan evitarse a travΓ©s de la reducciΓ³n de sal en la dieta. Pero esta nociΓ³n parece tener un nΓΊmero de faltas obvias:
- En primer lugar, la sensibilidad al consumo de sal y la tendencia hacia la presiΓ³n sanguΓnea elevada en su mayor parte tienen un origen genΓ©tico y por ende no estΓ‘n distribuidas uniformemente, sino de manera irregular, entre la poblaciΓ³n.
- Adicionalmente, si una intervenciΓ³n como la reducciΓ³n de la ingesta de sal demostrase algΓΊn efecto negativo, por pequeΓ±o que sea, como sucede con algunos de los resultados de estimular el sistema renina-angiotensina-aldosterona, esto girarΓa la curva de riesgo en la direcciΓ³n opuesta y resultarΓa en un mayor riesgo de morbilidad y mortalidad.
- Finalmente, cualquier intervenciΓ³n que estadΓsticamente pudiera beneficiar a la salud pΓΊblica (como una mΓnima reducciΓ³n en la presiΓ³n sanguΓnea), no necesariamente se va a traducir en buenos resultados en la salud del individuo -a esto se le conoce como βla paradoja de la poblaciΓ³nβ.10 Considerando las evidentes faltas de esta teorΓa sobre la reducciΓ³n en el consumo de sal y nuestra salud, es asombroso que haya sido aceptada tan ampliamente y sin crΓtica.
EstΓ‘ndares equivocados
El escenario intelectual en torno a la sal fue creado para establecer estΓ‘ndares en su consumo errados desde su base. Y eso es exactamente lo que sucediΓ³ con las Ingestas Diarias Recomendadas (IDR) para el sodio. De hecho, con esto nos hemos hundido mucho mΓ‘s dentro del pantano de los mitos de la informaciΓ³n mΓ©dica. La IDR para el sodio, la informaciΓ³n que estΓ‘ en la base de nuestras recomendaciones actuales para el consumo de sal, seΓ±ala claramente desde un inicio que βLa informaciΓ³n a partir de los ensayos de dosis-respuesta no ha sido suficiente para que pueda establecerse un Requerimiento Promedio Estimado (EAR, por sus siglas en inglΓ©s), y por ende no se ha derivado un Margen Diario Recomendado. Por tanto, lo que se propone es una Ingesta Adecuada (IA).11
Desde el inicio, esta declaraciΓ³n admite el cambio de enfoque al momento de establecer recomendaciones, pasando de basarse en evidencia, a basarse en una inferencia subjetivaβ¦prΓ‘cticamente una opiniΓ³n. En lugar de solicitar mayor investigaciΓ³n que enriquezca la insuficiente base de evidencia, el texto presenta un decreto firme, basado en su propia conveniencia antes que en algo mΓ‘s. La Ingesta Adecuada fue decretada arbitrariamente en 1500 mg de sodio por el comitΓ© encargado de establecer las ingestas diarias recomendadas, es decir en 3.5 g o un poco mΓ‘s de media cucharadita de sal al dΓa para adultos jΓ³venes <<β¦para asegurar que la dieta en general provea una ingesta adecuada de otros nutrientes importantes y para cubrir las pΓ©rdidas de sodio de la sudoraciΓ³n en individuos poco climatizados que estΓ©n expuestos a altas temperaturas o que incrementan su actividad fΓsicaβ¦>>. Sin embargo, no se proporcionΓ³ informaciΓ³n sobre adultos jΓ³venes que confirme que esta cifra arbitraria se justificaba de alguna manera. De hecho, esta opiniΓ³n desde entonces ha demostrado ser incorrecta.12
Lo mΓ‘s problemΓ‘tico llegΓ³ con el establecimiento de 2.3 g de sodio diarios como lΓmite superior para el consumo de sal-equivalente a 6 g o poco mΓ‘s de 1 cucharadita de sal al dΓa. Desde el momento en que la respuesta integral a distintos niveles de sal no habΓa sido determinada (la respuesta a distintos niveles es una metodologΓa utilizada para todos los nutrientes, en que se evalΓΊa la respuesta a la dosis normal y a dosis racionadas), estaba claro que persistirΓa la enorme preocupaciΓ³n que se habΓa instaurado frente a la sal y la presiΓ³n sanguΓnea, al tomar esa asociaciΓ³n como el ΓΊnico factor involucrado en la enfermedad cardiovascular: βel principal efecto adverso de la ingesta de cloruro de sodio es el incremento en la presiΓ³n sanguΓnea, que ha demostrado ser un factor de riesgo etiolΓ³gico relacionado con la enfermedad cardiovascular y la enfermedad renal.β AdemΓ‘s, el establecimiento de exactamente 2.3 gramos de sodio como lΓmite superior de nuestro consumo (contenidos en casi 6 g o poco mΓ‘s de 1 cdta de sal) no fue resultado de haber establecido alguna relaciΓ³n de dosis-respuesta luego de haber observado sus manifestaciones en la salud. Solo fue un punto de partida establecido de forma arbitraria para observar, a partir de ahΓ, cualquier reducciΓ³n por pequeΓ±a que fuera en la presiΓ³n sanguΓnea cuando la ingesta de sodio disminuyera.
Esta fue la base, muy lejos de ser sΓ³lida, desde donde se establecieron las recomendaciones para la sal, con total confianza de que la completa aceptaciΓ³n del pΓΊblico a todos los mitos que estaban creando en relaciΓ³n al efecto de la sal en la salud aliviarΓa cualquier escrutinio crΓtico que pudiese ocurrir. ΒΏY cuΓ‘les han sido estos mitos?…
MITO 1: EN LA ACTUALIDAD COMEMOS MΓS SAL QUE NUNCA ANTES.
REALIDAD: Nuestro consumo actual de sal (entre 1,5 y 1,75 cdtas diarias de sal, 7,5-9 g) es aproximadamente la mitad de lo que se consumΓa entre la Primera Guerra Mundial de 181213 y el final de la Segunda Guerra Mundial14, que era de 3 a 3,3 cdtas (16-17 g) de sal al dΓa.
MITO 2: NUESTRO CONOCIMIENTO SOBRE CUΓLES SON LAS PRINCIPALES FUENTES DE SAL EN NUESTRA DIETA (EL FAMOSO DATO DE QUE EL 80% DE LA SAL QUE COMEMOS VIENE DE LOS ALIMENTOS PROCESADOS) ES INCUESTIONABLE.
REALIDAD: Esta informaciΓ³n, que aparece en prΓ‘cticamente toda publicaciΓ³n mΓ©dica, estΓ‘ basada en un solo artΓculo publicado en el aΓ±o 1991, hecho a partir de una encuesta alimenticia de memoria de 24 horas (un mΓ©todo muy poco fiable de recolectar informaciΓ³n) de un total de solo 62 personas.15
MITO 3: NUESTRO CONSUMO DE SAL CONTINΓA INCREMENTΓNDOSE CADA AΓO.
REALIDAD: Nuestro consumo de sal no ha cambiado desde mediados de los aΓ±os cincuenta.16
MITO 4: LA INICIATIVA DE SALUD DE TREINTA AΓOS DE DURACIΓN EN FINLANDIA REPRESENTA UN MODELO EXITOSO DE REDUCCIΓN DE SAL.
REALIDAD: Si bien Finlandia redujo el consumo de sal entre su poblaciΓ³n de 2.3 cdtas diarias de sal (12 g) a 1.3 cdtas diarias de sal (7 g) entre los aΓ±os 1970 y 2000 -de manera muy similar a los Estados Unidos entre 1945 y 1960-, eso no se tradujo en mayores beneficios a la salud durante ese periodo que aquellos de sus paΓses vecinos y otros paΓses en los que el consumo de sal no se redujo (de hecho, fueron ligeramente menores).
MITO 5: LA CANTIDAD DE SAL QUE SE CONSUME EN LA ACTUALIDAD OCASIONA ENFERMEDAD CARDIOVASCULAR PREMATURA Y MUERTE.
REALIDAD: Cuando la esperanza de vida promedio en varios paΓses es comparada con la ingesta promedio de sal en dichos paΓses, queda claro que: a mayor consumo de sal, mayor esperanza de vida. Aunque no se registre una relaciΓ³n de causa y efecto entre la ingesta de sodio y la esperanza de vida, la data demuestra claramente la compatibilidad entre la esperanza de vida y los niveles asociados (altos) de ingesta de sodio. (Ver Figura 3)

Figura 3. Esperanza de vida en el estudio InterSalt
MITO 6: REDUCIR EL CONSUMO DE SAL MEJORARΓ TODA NUESTRA DIETA.
REALIDAD: La sal logra que las hojas verdes y otros vegetales con fitoquΓmicos de sabor amargo sean agradables. Al remover la sal de las vinagretas o los acompaΓ±amientos, harΓa que estos vegetales sean menos tolerables y disminuirΓa su consumo entre la poblaciΓ³n.
MITO 7: Es fundamental disminuir los niveles de sal en las dietas para reducir la presiΓ³n sanguΓnea.
REALIDAD: Al examinar los resultados de las pruebas de sodio DASH* (ver Figura 4), se hace evidente que la adopciΓ³n de una dieta para reducir la presiΓ³n sanguΓnea tiene un impacto significativamente mayor -en la presiΓ³n sanguΓnea- que disminuir el consumo de sal. Una disminuciΓ³n en el consumo de sodio, desde los niveles normales hasta los niveles que indican las guΓas alimentarias, redujo la presiΓ³n sistΓ³lica dentro de una dieta estΓ‘ndar en un promedio de 2.1 mm Hg (lΓnea azul), sin embargo, el simple hecho de cambiar de una dieta estΓ‘ndar a una dieta para reducir la presiΓ³n sanguΓnea, manteniendo los niveles normales de consumo de sodio, redujo la presiΓ³n sanguΓnea sistΓ³lica en 5.9 mm Hg (lΓnea verde), casi tres veces la disminuciΓ³n ocurrida con la reducciΓ³n de sodio recomendada. MΓ‘s aΓΊn, tomemos en cuenta que reducir los niveles de sal en las dietas para reducir la presiΓ³n sanguΓnea las harΓan menos apetitosas, y eso desalentarΓa a las personas a considerar su adopciΓ³n.Β *(N. del T.: <<DASH>> son las siglas para Dietary Approaches to Stop Hipertension, es decir, Alcances DietΓ©ticos para Detener la HipertensiΓ³n, a los que hacemos referencia en este texto como βdietas para reducir la presiΓ³n sanguΓneaβ. Estas son una serie de indicaciones para llevar una alimentaciΓ³n saludable, especialmente pensada en disminuir la hipertensiΓ³n.Β ComΓΊnmente, se hace referencia a este conjunto de indicaciones como la βdieta DASHβ. Una investigaciΓ³n fue llevada a cabo evaluando tres niveles de consumo de sodio en la dieta DASH y en la dieta americana estΓ‘ndar; hemos hecho referencia a las pruebas en esta investigaciΓ³n como las βpruebas de sodio DASHβ. Los resultados de la investigaciΓ³n dejaron claro que la adopciΓ³n de la dieta DASH reducΓa los niveles de presiΓ³n sanguΓnea sin necesidad de disminuir el consumo de sal/sodio.)

MITO 8: EXISTE UNA CLARA RELACIΓN ENTRE LA INGESTA DE SAL Y LA PRESIΓN SANGUΓNEA.
REALIDAD: La ausencia de una relaciΓ³n clara entre la ingesta de sal y la presiΓ³n sanguΓnea se hace evidente al analizar la soluciΓ³n salina IV administrada en los hospitales en una cantidad de 3 litros diarios al 0.9 por ciento de cloruro de sodio, equivalentes a una cantidad de 27 g de sal diarios (4,5 cdtas), en adiciΓ³n a los 6 g diarios (poco mΓ‘s de 1 cdta) administrados a travΓ©s de la comida (si estΓ‘n siguiendo las recomendaciones oficiales). Sumados hacen un total de 33 g de sal diarios mientras estΓ‘n en el hospital, es decir, mΓ‘s de cinco veces las recomendaciones de las guΓas alimentarias. Y sin embargo la presiΓ³n sanguΓnea de los pacientes, revisada cada 4-6 horas, no varΓa. ΒΏDΓ³nde estΓ‘ la supuesta relaciΓ³n entre la ingesta de sal y la presiΓ³n sanguΓnea?
MITO 9: REDUCIR LA INGESTA DE SAL NO TIENE EFECTOS NEGATIVOS.
REALIDAD: Las reducciones en las ingestas de sal han sido relacionadas repetidamente en la literatura mΓ©dica con las siguientes condiciones:
- Resistencia a la insulina (diabetes)
- SΓndrome metabΓ³lico
- Incremento en la mortalidad y las readmisiones por enfermedades cardiovasculares
- PΓ©rdida cognitiva en neonatos y adultos mayores
- Inestabilidad, caΓdas, fracturas
- Constante avidez reprimida por consumir sal
- Otros
MITO 10: EL PROCEDIMIENTO PARA LLEGAR A LAS GUΓAS ALIMENTARIAS DE ESTADOS UNIDOS ES VΓLIDO
REALIDAD: Las primeras Ingestas Diarias Recomendadas (IDR), publicadas bajo el visto bueno del Instituto de Medicina (IOM, por sus siglas en inglΓ©s, parte de la Academia Nacional de Ciencias), fueron aceptadas a nivel internacional inmediatamente, sin pasar por la revisiΓ³n cientΓfica que normalmente enfrentan las recomendaciones nutricionales. Cualquier lectura minuciosa del documento revela los arreglos y justificaciones hechos para llegar a las recomendaciones finales, en lugar de presentar verdadera evidencia. Esto fue reiterado en el aΓ±o 2007 durante un taller del Instituto de Medicina titulado βEl Desarrollo de las Ingestas Diarias Recomendadas 1994-2004: Lecciones aprendidas y nuevos Retosβ17, donde muchos participantes enfatizaron el hecho de que las IDR se basaban en gran parte en informaciΓ³n de la peor calidad -la opiniΓ³n-, en lugar de basarse en ensayos clΓnicos aleatorios controlados, que representan la evidencia de mayor calidad. La manera en que se establecieron las IDRs nos da una idea de cuΓ‘n lejos estamos del principio cientΓfico de adherencia objetiva y medicina basada en evidencia.
Siempre se ha publicitado al proceso de revisiΓ³n de cinco aΓ±os para las GuΓas Alimentarias de Estados Unidos como una reevaluaciΓ³n βindependiente y objetivaβ de las GuΓas anteriores. Las indicaciones de las GuΓas Alimentarias del 2005 en relaciΓ³n al sodio hacΓan referencia a las Ingestas Diarias Recomendadas como un documento infalible y asumΓan todo lo que este decΓa. Las GuΓas Alimentarias de 2010 reconfirmaron las recomendaciones de las GuΓas Alimentarias del 2005 con la condiciΓ³n de que las poblaciones en riesgo consuman 1500 mg de sodio diarios (3/4 cdta o 3.5 g de sal) como mΓ‘ximo. El presidente del comitΓ© original para las IDR, a cargo del establecimiento de las primeras recomendaciones para el sodio, fue tambiΓ©n presidente en el subcomitΓ© de electrolitos para las GuΓas Alimentarias de 2005, y por ende evaluΓ³ las mismas recomendaciones que Γ©l fue encargado de promulgar en primer lugar.
En el aΓ±o 2010, el proceso se repitiΓ³ y, una vez mΓ‘s, la misma presidencia del subcomitΓ© de electrolitos estuvo a cargo. Esta secuencia, en teorΓa sancionada por completo por el Instituto de Medicina y el Departamento de Agricultura de Estados Unidos, nos hace cuestionarnos si algΓΊn proceso analΓtico βindependiente y objetivoβ puede darse a raΓz de un solo individuo piloteando el establecimiento de estΓ‘ndares (IDRs), para cinco aΓ±os despuΓ©s estar a cargo de evaluar sus propias recomendaciones, y posteriormente evaluar una vez mΓ‘s sus propias evaluaciones. Este proceso es una farsa del concepto de evaluaciones objetivas e independientes, y hace burla a la integridad de nuestras instituciones cientΓficas.
ΒΏDΓ³nde estamos ahora?
A pesar de lo ya descrito, las recomendaciones para el sodio han sido aceptadas sin reservas por prΓ‘cticamente toda agencia pΓΊblica alrededor del mundo, incluso cuando es imposible seguir dichas recomendaciones en tΓ©rminos prΓ‘cticos. AΓΊn asΓ, las recomendaciones sΓ inciden en una reducciΓ³n en los niveles de consumo de sal de la poblaciΓ³n, que se traducen en reducciones de no mΓ‘s del cinco por ciento en la presiΓ³n sanguΓnea sistΓ³lica para una porciΓ³n limitada de la poblaciΓ³n, y en un incremento similar en la presiΓ³n sanguΓnea para otra porciΓ³n de la poblaciΓ³n. Muchos meta-anΓ‘lisis han cuestionado seriamente los presuntos beneficios a largo plazo de una reducciΓ³n en el consumo de sal en toda la poblaciΓ³n,18-21 y otros le han dado su apoyo.22
De hecho, los comentarios en desacuerdo y el anΓ‘lisis repetido de la βevidenciaβ que se ha convertido en una caracterΓstica permanente del debate de la conexiΓ³n entre la sal y la salud, ha llevado a algunos periodistas a quejarse de que <<prΓ‘cticamente todo βdatoβ nutricional es verdaderamente una opiniΓ³n, a menudo basada en evidencia de baja calidad.>>23 Considerando que nuestra salud comprende mucho mΓ‘s que una respuesta de un dΓgito en nuestra presiΓ³n sanguΓnea, tendrΓamos que decir que las recomendaciones dietΓ©ticas de la actualidad han servido como una pista falsa establecida por dΓ©cadas, que ha servido para nublar la necesidad de mΓ‘s investigaciΓ³n para obtener mΓ‘s y mejor informaciΓ³n en base a estudios de dosis-respuesta.
Un mejor entendimiento de nuestras necesidades de sal
Muchas publicaciones recientes parecen estar acercΓ‘ndonos a lo que podrΓamos considerar los verdaderos requerimientos humanos de sal. Por ejemplo, un estudio bastante reciente de la Escuela MΓ©dica de Harvard demostrΓ³ que cuando personas saludables eran puestas en una dieta muy baja en sal -20 mmoles de sodio o un quinto de cucharadita diario de sal (1g)-, desarrollaban resistencia a la insulina en el perΓodo de siete dΓas.24 Dicho efecto no ocurriΓ³ entre las personas puestas en dietas altas en sal (50 mmoles o 1,5 cdta diaria de sal (8g)). La conclusiΓ³n fue que los efectos de la baja ingesta de sal hacen necesaria una mayor investigaciΓ³n en la patogΓ©nesis de la diabetes y la enfermedad cardiovascular.
En una serie de anΓ‘lisis de las tres encuestas de salud consecutivas βEncuestas Nacionales de Salud y NutriciΓ³nβ (NHANES I,25 II26 y III27), los investigadores fueron incapaces de demostrar que existiera alguna ventaja a partir de las dietas bajas en sodio; por el contrario, se observΓ³ una ligera relaciΓ³n positiva entre las dietas bajas en sodio y el incremento de la mortalidad por toda causa (aunque poco significativa).
Un estudio reciente llevado a cabo para examinar los resultados en la salud de la ingesta de sal (medidos a travΓ©s del sodio en orina en 24 horas), demostrΓ³ que las excreciones de sodio mΓ‘s bajas estaban asociadas con un incremento en el riesgo de muerte cardiovascular, mientras que las excreciones de sodio mΓ‘s altas no estaban asociadas con un incremento en el riesgo de hipertensiΓ³n o complicaciones con la enfermedad cardiovascular.28 Otro meta-anΓ‘lisis de ciento sesenta y siete estudios, llevados a cabo por Graudal y sus compaΓ±eros29 confirmΓ³, y se extendiΓ³ sobre reportes anteriores, para decir que una restricciΓ³n en el sodio diario de 150 mmoles de sodio (1,5 cdtas /8g de sal al dΓa) a 120 mmoles de sodio (1,2 cdtas/6g de sal al dΓa) resultΓ³ en reducciones limitadas pero significativas en la presiΓ³n sanguΓnea: en personas blancas hipertensas, la reducciΓ³n promedio fue de 5,5 mm Hg sistΓ³lico y 2.8 mm Hg diastΓ³lico; para sujetos con presiΓ³n normal estas cifras se redujeron a 1,3 mm Hg sistΓ³lico y 0,1 mm Hg diastΓ³lico. Sin embargo, el metaanΓ‘lisis tambiΓ©n confirmΓ³ y cuantificΓ³ los impactos negativos que la restricciΓ³n de sodio tuvo en muchos otros factores de riesgo para la enfermedad cardiovascular. Estos incluΓan incrementos significativos en la renina, la aldosterona, las catecolaminas (adrenalina, noradrenalina) y los lΓpidos (colesterol y triglicΓ©ridos). La renina y la aldosterona son particularmente preocupantes ya que han sido asociadas en repetidas ocasiones con incrementos en la mortalidad cardiovascular en seguimientos a largo plazo.
Durante su comunicaciΓ³n presidencial ante la Sociedad Internacional de HipertensiΓ³n, Alderman describiΓ³ el impacto que tiene nuestra ingesta de sodio en nuestra salud como una curva dosis-respuesta en forma de J, refiriΓ©ndose al daΓ±o observado tanto en los extremos mΓ‘s bajos como en los extremos mΓ‘s altos de su consumo. SeΓ±alΓ³ al rango centrado alrededor de los 3500 mg de sodio diarios como el rango mΓ‘s seguro, equivalente a 1,75 cdtas/8,75 g de sal al dΓa.30
En un estudio reciente, publicado en la Revista de la AsociaciΓ³n MΓ©dica Americana (JAMA, por sus siglas en inglΓ©s),31 se encontrΓ³ asociaciΓ³n entre las ingestas de sal de nivel mediano y los riesgos de eventos cardiovasculares de menor nivel, mientras que las ingestas bajas de sal, equivalentes a 3000 mg de sodio o 1,5 cdtas diarias de sal (7,5g), fueron asociadas con un incremento en el riesgo de muerte cardiovascular y hospitalizaciΓ³n por fallo cardiaco congestivo, y las ingestas mayores de 7000 mg de sodio o mΓ‘s de 3 cdtas (mΓ‘s de 15g) diarias de sal, tambiΓ©n fueron asociadas con un incremento en el riesgo de accidente cerebrovascular, ataque cardΓaco, y otros eventos cardiovasculares. Una vez mΓ‘s, la relaciΓ³n dosis-respuesta se vio reflejada por una curva en forma de J.

Figura 5. Consolidado de los resultados de los estudios.
La curva en forma de J (o en forma de U) es comΓΊn entre las evaluaciones de dosis-respuesta para los nutrientes esenciales tanto en plantas como en animales.32 El nutricionista francΓ©s Gabriel Bertrand, describiΓ³ la relaciΓ³n original de manera matemΓ‘tica en 1912.33 Lo que ahora se conoce como βla regla de Bertrandβ aplica para una gran cantidad de micro y macro nutrientes. Cuando el consumo de algΓΊn nutriente se da a niveles demasiado bajos, el flujo de dicho nutriente no es suficiente para sostener todo el rango de funciones fisiolΓ³gicas que dependen de Γ©l, y existe un alto riesgo de efectos adversos. Esto es lo que se considera el rango de deficiencia nutricional. Si los efectos adversos no resultan en eventos catastrΓ³ficos agudos, los individuos sobrevivirΓ‘n, pero con un potencial disminuido. Los efectos adversos que se experimentan de un dΓ©ficit de nutrientes van disminuyendo hasta ser mΓnimos a medida que el nivel del nutriente incrementa, hasta que finalmente se establece la homeostasis. Incrementar el consumo de un nutriente hasta exceder los requerimientos de la homeostasis puede ocasionar que aparezcan efectos adversos nuevamente (aunque no necesariamente los mismos).
A pesar de que existe una gran cantidad de informaciΓ³n que describe el almacenamiento del sodio en nuestro cuerpo, se hace difΓcil especular cuΓ‘l es el rol de dicho almacenamiento en mantener la homeostasis. Queda a nuestro cargo determinar quΓ© tipo de informaciΓ³n es la mΓ‘s adecuada para entender cuΓ‘l es nuestro nivel Γ³ptimo de consumo de sal. Desde una perspectiva biolΓ³gica, el punto en que se desencadena un incremento en la producciΓ³n de renina por dΓ©ficit de sal, ya debe considerarse un indicador biolΓ³gico bΓ‘sico. GuiΓ‘ndonos del estudio de Alderman, et al.,1 cualquier cantidad menor a 170 mmol (3910 mg) de sodio diarios (1,7 cdtas/9g de sal diarios) no serΓa recomendable. Dado que el incremento en la producciΓ³n de renina solo ocurre cuando existe un dΓ©ficit en la ingesta de sodio, esta informaciΓ³n no nos permite establecer un lΓmite superior para la ingesta de sal.
Consumo de sal y esperanza de vida
La esperanza de vida promedio es considerada una medida general de la salud general de la poblaciΓ³n -aunque la mortalidad infantil en algunos paΓses puede ser un factor que crea confusiΓ³n y malentendidos. Al comparar la informaciΓ³n sobre el consumo promedio de sodio en treinta y dos paΓses alrededor del mundo34 del estudio InterSalt, con sus respectivas esperanzas de vida, obtenemos para el 20% con mayor esperanza de vida que su ingesta diaria de sodio va de 104 a 205 mmol, con un promedio de 170 mmol diarios de sodio (1,75 cdtas/9 g de sal diarios). Si bien esto no implica una relaciΓ³n causa-efecto entre la ingesta de sodio y la esperanza de vida, la informaciΓ³n sΓ demuestra la compatibilidad entre una alta esperanza de vida y los niveles asociados de ingesta de sodio en menciΓ³n.
Por otro lado, la informaciΓ³n en la reciente publicaciΓ³n Gradual29 ilustra una serie de respuestas a la reducciΓ³n del consumo de sal, desde una cantidad de mΓ‘s de 150 mmol (1.5 cucharaditas/8 g de sal) a menos de 120 mmol de sodio (1,2 cdtas/6g) diarios. Junto con una pequeΓ±a pero significativa reducciΓ³n en la presiΓ³n sanguΓnea tambiΓ©n ocurre un incremento significativo en otros factores de riesgo para la diabetes y la enfermedad cardiovascular. AquΓ, una vez mΓ‘s, si bien una relaciΓ³n dosis-respuesta no estΓ‘ implΓcita, los riesgos parecen superar a los beneficios cuando reducimos el consumo de sodio por debajo de 3450 mg (1,5 cdtas/8g de sal) diarios.
De manera consistente con los estudios NHANES25-27, la publicaciΓ³n demostrΓ³ incrementos significativos en la mortalidad cardiovascular a medida que el consumo de sodio caΓa de 260 mmoles (alrededor de 2,5 cdtas/13 g de sal) hasta 107 mmoles (poco mΓ‘s de 1 cdta).
Finalmente, basados en un estudio de largo plazo a un grupo grande de personas, el artΓculo OβDonnel31 presenta una curva de respuesta en forma de jota en donde el rango con menor riesgo es el de un consumo diario de entre 1.3 cdtas (7 g) de sal diarias, y 3 cdtas (15 g) de sal diarias.
Si se compila la informaciΓ³n de estudios previos, se hace evidente que el rango mΓ‘s seguro de ingesta de sodio estΓ‘ por encima de los 3000 mg diarios de sodio (1,3 cdtas/7g de sal). Dicho nivel de consumo de sal coincide con el nivel de sal que tiene la mayorΓa de personas alrededor del mundo. Esta informaciΓ³n no estΓ‘ basada en indicadores substitutos, sino en resultados tangibles (como la mortalidad) y respuestas a distintas dosis, incluyendo respuestas medibles que permiten evaluaciΓ³n (renina, aldosterona, catecolaminas, colesterol y triglicΓ©ridos), reconocidas por βno estar sujetas a imprecisiΓ³n en su mediciΓ³n en sangreβ.
Dichos resultados seΓ±alan de que el sodio se consume en un rango bastante estrecho,35 estimado recientemente entre 2691 y 4876 mg de sodio, o entre 1,2 (6 g) y 2,13 cdtas (11 g) de sal diarias.36
Considerando la evidencia disponible, se hace difΓcil determinar un nivel mΓ‘ximo prΓ‘ctico de consumo de sal, debido a que la informaciΓ³n sugiere que dicho nivel caerΓa fuera de nuestro rango de consumo actual; es decir, tal nivel mΓ‘ximo serΓa mΓ‘s alto que 7000 mg de sodio, o el equivalente a 3 cdtas (15 g) de sal al dΓa. En otras palabras, es probable que nuestra tolerancia innata a la sal estΓ© limitando nuestro propio consumo de sal dentro de niveles que son saludables para nosotros.
Tasas histΓ³ricas de consumo de sal
La informaciΓ³n disponible sugiere que las sociedades occidentales han consumido entre 3 y 3,3 cdtas (15-17 g) de sal al dΓa entre inicios de los 1800s y finales de la Segunda Guerra Mundial, basados en archivos militares para los prisioneros de guerra y las raciones de los soldados alrededor del mundo. Durante la guerra anglo-americana de 1812 las raciones de sal eran de 3 cdtas diarias (15 g) de sal al dΓa37, a pesar de ser costosas. Los prisioneros estadounidenses de la guerra encarcelados en la prisiΓ³n britΓ‘nica Dartmoor, se quejaron de las 1,5 cdtas (8 g) de sal diarias que recibieron como parte de una dieta βescasa e insuficienteβ.38 Por otro lado los documentos de la Segunda Guerra Mundial en relaciΓ³n a las raciones dadas a los prisioneros estadounidenses de la guerra muestran una raciΓ³n de 140 g a la semana, es decir 3,3 cdtas (17 g) diarios.39
Luego de la Segunda Guerra Mundial, cuando la refrigeraciΓ³n empezΓ³ a desplazar a la sal como el principal medio de conservaciΓ³n de alimentos, el consumo de sal en los Estados Unidos (y luego en otros paΓses) cayΓ³ drΓ‘sticamente hasta aproximadamente la mitad (1,8 cdtas o 9 g de sal diarios) y, en base a anΓ‘lisis de sodio en orina de 24 horas, ha permanecido asΓ desde entonces40. Es en este mismo periodo que las tasas de hipertensiΓ³n han incrementado,41 lo cual deberΓa hacernos cuestionar la asociaciΓ³n, supuestamente positiva, entre el consumo de sal y la hipertensiΓ³n.
Los datos histΓ³ricos nos dicen que la rΓ‘pida disminuciΓ³n en el consumo de sal se dio sin presiΓ³n o influencia alguna de ningΓΊn tipo de GuΓas Alimentarias del gobierno, instituciones de salud pΓΊblicas, o advertencias de algΓΊn otro grupo que haya impulsado una reducciΓ³n en nuestro consumo de sal por motivos de salud. La reducciΓ³n masiva en el consumo de sal fue el resultado de un cambio hacia un sistema de abastecimiento de alimentos basado en la cadena de frΓo. Debemos resaltar que esta caΓda abrupta tuvo un tope en cierto nivel de consumo hace cincuenta aΓ±os, a partir del cual el consumo de sal no ha descendido. Igual de extraordinario es el hecho de que el consumo de sal en todo el mundo haya permanecido en un rango de 1,5 a 3 cdtas (8-15 g) diarias, rango que a partir de toda la informaciΓ³n disponible parece ser el mΓ‘s seguro para nuestra salud. Esto refuerza la nociΓ³n de que βla sabidurΓa del cuerpoβ se pone en marcha en nosotros, a travΓ©s de un mecanismo que puede no ser tan obvio como el conocido apetito por sodio de la mayorΓa de otros mamΓferos, pero que es de todas maneras bastante efectivo.
Independientemente de lo que diga la evidencia histΓ³rica, todos ahora tenemos que convivir con la mala reputaciΓ³n que tiene la sal en la actualidad, resultado de una campaΓ±a de mΓ‘s de dos dΓ©cadas para reducir su consumo. Debido a que las recomendaciones de la cantidad de sal que debemos consumir fueron promulgadas por el Instituto de Medicina de Estados Unidos, estas fueron adoptadas inmediatamente y sin cuestionamiento por casi todas las agencias de salud alrededor del mundo. Esta posiciΓ³n, repetida y amplificada por una prensa falta de crΓtica, influyΓ³ en la industria alimenticia para que considere seriamente la implementaciΓ³n de estrategias de reducciΓ³n de sal, no porque hubiera una genuina preocupaciΓ³n por el impacto de la sal en la salud, sino por dos consideraciones comerciales: la primera fue la preocupaciΓ³n relacionada con la presiΓ³n pΓΊblica, dado que la industria alimentaria no querΓa exponerse como proveedores de productos declaradamente daΓ±inos; la segunda fue que las formulaciones de productos βbajos en salβ tenΓan el potencial para convertirse en las nuevas variedades de alimentos empaquetados que con la debida publicidad y etiquetadas de βbajas en salβ, serΓan capaces de capturar una porciΓ³n adicional del mercado.
Las iniciativas de reducciΓ³n de sal ahora cuentan con el mayor desembolso de dinero que existe en el desarrollo de alimentos procesados, y los institutos de investigaciΓ³n en la quΓmica de los sentidos -quienes jugaron un rol crΓtico en la promociΓ³n de las estrategias de reducciΓ³n de sal42– son los mayores receptores de estos financiamientos de investigaciΓ³n. Los avances en quΓmica podrΓan resultar en productos con un perfil de sabor aceptable, a pesar de ser bajos en sodio. Si esto ocurre, tendremos que preguntarnos cuΓ‘l serΓ‘ el impacto en la salud de la poblaciΓ³n de todo un suministro de alimentos bajos en sodio.
Asimismo, debemos considerar preguntarnos si nuestro consumo relativamente estable de sal alrededor del mundo como resultado de nuestra avidez por la sal es solo cuestiΓ³n superficial de sabor, o si es un mecanismo fisiolΓ³gico de apetito por sodio que nos induce a buscar cierto nivel mΓnimo de consumo de sal para asegurar el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo. Esta es una pregunta central dado que, en el caso de que los avances en la investigaciΓ³n quΓmica dedicada a la reducciΓ³n de sal sean capaces de engaΓ±ar a nuestros sentidos, y si es que no tenemos otro mecanismo que nos incite al consumo de sal, entonces posiblemente los consumidores efectivamente reducirΓan su consumo de sal, incluso hasta los niveles recomendados de 1500-2300 mg de sodio (de un poco mΓ‘s de media cdta a 1 cdta/3-5 g de sal) al dΓa. En caso esto ocurra, entonces los riesgos poblacionales asociados al incremento en plasta de la renina y la aldosterona, las catecolaminas, el colesterol y los triglicΓ©ridos, serΓ‘n preocupantes al punto en que las personas podrΓan morir prematuramente como resultado.
Si, por otro lado, existe en nosotros algΓΊn tipo de mecanismo del apetito por sodio que no tenga que ver con complacer a nuestro sentido del gusto, entonces los avances de la quΓmica que pretende engaΓ±ar a nuestros sentidos no deberΓan ser particularmente efectivos, dado que nuestra hambre por sal aflorarΓa desde algΓΊn otro origen. Si este es el caso, entonces existe la posibilidad de que la reducciΓ³n de la sal en los alimentos procesados incremente nuestro consumo de comida, simplemente para alcanzar un nivel predeterminado de ingesta de sodio, aumentando de esta manera la epidemia de obesidad que hoy en dΓa existe. (El mecanismo del apetito del sodio se aplica actualmente en el comercio para ajustar el alimento con que terminan la alimentaciΓ³n del ganado, donde la ingesta total se ajusta segΓΊn el de contenido de sal. Reducir el contenido de sal estimula al ganado a consumir mΓ‘s alimento, mientras que incrementar el contenido de sal tiene el efecto opuesto.)
AdemΓ‘s de los riesgos ya mencionados, existe la posibilidad de que la reducciΓ³n de sal en las formulaciones de alimentos procesados afecte a las elecciones alimentarias a la hora de comer hojas verdes: los fitonutrientes asociados con los vegetales de hojas verdes y las ensaladas suelen ser amargos, y por tanto son generalmente mΓ‘s sabrosos cuando se les aΓ±ade sal a travΓ©s de las vinagretas u aliΓ±os. La dieta que se practica alrededor de la cuenca mediterrΓ‘nea, considerada saludable para el corazΓ³n, es considerablemente mΓ‘s alta en sal que la dieta en gran parte de Europa occidental y los paΓses de NorteamΓ©rica debido a que muchos de los alimentos tradicionales que consumen se preservan aΓΊn con sal, pero mΓ‘s aΓΊn debido a que las ensaladas y los vegetales son gran parte de esa dieta y la sal se utiliza generosamente para asegurar que resulten sabrosos al paladar. (El origen en Latin de la palabra βensaladaβ es βsalβ -haciendo referencia a los vegetales salados.) Una ingesta reducida de sal podrΓa desanimar a los consumidores de ensaladas y vegetales, particularmente a los niΓ±os.45 En Reino Unido, donde la sal ha sido removida de muchos almuerzos escolares, los estudiantes normalmente evitan sus vegetales. El periodista Paul Eastham puso una queja escrita en el diario inglΓ©s The Telegraph declarando que su hija habΓa dejado de comer vegetales en el colegio desde que fueron prohibidos los saleros, porque se le hacΓan muy insΓpidos.
βTodo lo bueno que prometieron dar en los refrigerios permanece en el plato sin ser tocado -una pΓ©rdida completa de nutrientes, salud potencial y dinero- todo porque no son apetitososβ¦Mi hija puede que no toque los vegetales insΓpidos en la escuela, pero en casa -donde puede usar sal- ella deja el plato limpio.β46
Parecemos estar en una encrucijada debatiendo entre la sal y la salud. El callejΓ³n sin salida en que venimos estando por dΓ©cadas en relaciΓ³n a los mΓ©ritos de una reducciΓ³n de sal para toda la poblaciΓ³n solo pueden ser resueltos con investigaciΓ³n definitiva, no con el fin de atrasar la implementaciΓ³n de polΓticas de salud pΓΊblica sino de sustentarlas antes de que sean impuestas al pΓΊblico. El estudio que mejor servirΓa a las necesidades de los consumidores y las agencias de salud pΓΊblica serΓa un ensayo controlado a gran escala, de largo plazo, aleatorizado, sobre el impacto de las ingestas reducidas de sal en un paquete de resultados en la salud -y no en indicadores substitutos. Considerando el foco inmenso que tiene la industria alimentaria en la sal, y los grandes gastos en que incurre en su esfuerzo por reducir el consumo de sal de la poblaciΓ³n, deberΓa ser parte de los intereses de la industria alimentaria el financiar dicho estudio, incluso si es solo para confirmar que sus constantes esfuerzos en reducir el contenido de sal son vΓ‘lidos e importantes.
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