ΒΏVidas Horribles, Brutales y Cortas?
By Sally Fallon Morell
Para poder corroborar la creencia de que nuestra sociedad ha “progresado”, tendrΓamos primero que creer que la vida de nuestros antepasados fue horrible, brutal y breve. Sin embargo, estudio tras estudio ha confirmado que la salud de las personas tradicionales era enormemente superior a la del hombre industrial moderno.
La tecnologΓa moderna -progenitora del automΓ³vil, del inodoro y de la casa completamente electrificada- nos concede sus bendiciones pero a un precio alto. Estas herramientas del siglo veinte que ofrecen libertad de movimiento y comodidad, libertad de trabajos penosos y suciedad, dejan una estela oscura de contaminaciΓ³n, congestiΓ³n y alienaciΓ³n. Al menos Γ©sto es evidente. Menos obvia es la relaciΓ³n entre tecnologΓa moderna y salud. Las creencias convencionales nos dicen que la crisis de salud actual -en la cual una de cada tres personas en el mundo occidental desarrolla cΓ‘ncer y casi la mitad sufre de enfermedades del corazΓ³n- serΓa resuelta con mΓ‘s tecnologΓa, no menos, y que las enfermedades, asΓ como ocurriΓ³ con los trabajos penosos y la suciedad, van a abrir camino a una combinaciΓ³n de innovaciΓ³n y fondos.
A mi colega, el Dr. Tom Cowan, le gusta contar la historia de un paciente tΓpico que va para una revisiΓ³n mΓ©dica. “Es sΓ³lo una precauciΓ³n,” dice el paciente, “Yo gozo de muy buena salud.” SΓ, sus amΓgdalas fueron removidas cuando era pequeΓ±o; sus muelas del juicio fueron extraΓdas y sus dientes fueron enderezados por el dentista; tiene una boca llena de caries curadas y varias endodoncias; tuvo una hernia que tuvo que ser operada hace un par de aΓ±os y la espalda lo fastidia ocasionalmente. Es cierto que frecuentemente se siente agobiado, hasta deprimido, y desearΓa poder tener mΓ‘s energΓa, pero considera que Γ©stas son condiciones normales, lo que uno deberΓa de esperar como normal en el curso de una vida regular.
La historia familiar revela que la hermana muriΓ³ a los 40 aΓ±os de cΓ‘ncer al seno y que el padre estΓ‘ senil con Alzheimers viviendo en un asilo. Sus dos hijos nacieron con cΓ©sarea. Ambos necesitaron ortodoncia extensiva y costosa. Su hija sufre de alergias y su hijo va a una escuela especial para niΓ±os hiperactivos y con problemas de aprendizaje.
Lo que permite que este paciente tΓpico del Dr. Cowan se considere saludable es, de hecho, la misma tecnologΓa que nos diΓ³ la aspiradora y la computadora. Sin los inventos modernos usados para reforzar sus dientes, para remover sus amΓgdalas sin contratiempos, para reparar su hernia y ayudar a su esposa a dar a luz, nuestro paciente tΓpico serΓa un lisiado sin dientes y sin hijos -o habrΓa fallecido antes de llegar a la adultez. Pero la tecnologΓa que le permitiΓ³ volar a California en cinco horas o iluminar su sala con sΓ³lo apretar un botΓ³n, no pudo salvarle la vida a su hermana o ayudar a su padre con Alzheimers. Las posibles soluciones para su depresiΓ³n y fatiga, las alergias de su hija y las dificultades de su hijo en el colegio, son paliativos que pueden ser peligrosos.
La era de las soluciones enfrenta una crisis de salud que no puede resolver. Mientras que las enfermedades del corazΓ³n y el cΓ‘ncer eran poco frecuentes a comienzos del siglo pasado, hoy en dΓa estas dos enfermedades golpean con mayor frecuencia, a pesar de los billones de dΓ³lares invertidos en investigaciΓ³n para combatirlos, y a pesar de tremendos avances en el diagnΓ³stico y las tΓ©cnicas quirΓΊrgicas. En NorteamΓ©rica, una persona de cada tres sufre de alergias, una de cada diez tendrΓ‘ ΓΊlceras y una de cada cinco es enferma mental. Cada aΓ±o, un cuarto de millΓ³n de infantes nacen con defectos de nacimiento, y despuΓ©s tienen que padecer de dolorosas y costosas cirugΓas, o son escondidos en instituciones. Otras enfermedades degenerativas -artritis, esclerosis mΓΊltiple, desΓ³rdenes digestivos, diabetes, osteoporosis, Alzheimers, epilepsia y fatiga crΓ³nica- afligen a una mayorΓa significativa de nuestros ciudadanos. Problemas de aprendizaje como dislexia e hiperactividad hacen que la vida de siete millones de personas jΓ³venes sea miserable -sin mencionar a los padres.
Estas enfermedades eran extremadamente raras hace sΓ³lo una o dos generaciones. Hoy en dΓa, las enfermedades crΓ³nicas afligen a casi la mitad de los norteamericanos y causan tres de cada cuatro muertes en los Estados Unidos. La tragedia mayor es que estas enfermedades que antes afligΓan sΓ³lo a ancianos, hoy golpean a nuestros niΓ±os y a aquΓ©llos en la flor de sus vidas. Ya casi nos hemos olvidado de que nuestro estado natural es uno de equilibrio, integridad y vitalidad.
Pareciera que el siglo veinte estΓ‘ terminando con un incremento de enfermedades. Las cosas no estaban tan mal en 1930, pero la situaciΓ³n era ya lo suficientemente alarmante como para preocupar a un dentista de Cleveland, Ohio. El Dr. Weston Price se mostraba reacio a aceptar las condiciones que sus pacientes exhibΓan como normales. Rara vez sus pacientes adultos revelaban buena salud dental; la mayorΓa de las veces, encontraba proliferaciΓ³n de caries, generalmente acompaΓ±ada por otros problemas serios como artritis, osteoporosis, diabetes, dolencias intestinales y fatiga crΓ³nica. Pero la condiciΓ³n dental de sus pacientes mΓ‘s jΓ³venes lo que mΓ‘s lo alarmaba. Price observΓ³ que dientes amontonados y torcidos se estaban convirtiendo mΓ‘s en la regla que en la excepciΓ³n, junto con lo que Γ©l llamΓ³ “deformidades faciales” -dientes superiores que no encajaban correctamente con los inferiores, caras mΓ‘s delgadas, falta de desarrollo de la nariz, ausencia de un buen desarrollo de los huesos de las mejillas, y ventanas de la nariz apretadas. Estos niΓ±os invariablemente sufrΓan de uno o mΓ‘s problemas que hoy en dΓa son muy familiares: infecciones frecuentes, alergias, anemia, asma, mala visiΓ³n, falta de coordinaciΓ³n, fatiga y problemas de comportamiento. Price no podΓa creer que esta “degeneraciΓ³n fΓsica” fuera el plan de Dios para la humanidad. El se inclinaba a creer que el Creador planeΓ³ perfecciΓ³n fΓsica para todos los seres humanos, y que los niΓ±os deberΓan de crecer libres de enfermedades.
El habΓa escuchado historias utΓ³picas acerca de la buena salud de culturas primitivas y se decidiΓ³ a investigar estas sociedades “atrasadas”, que los norteamericanos estaban decididos a evangelizar y colonizar, para comprobar si eran realmente mΓ‘s saludables que la suya propia. Por los siguientes diez aΓ±os, viajΓ³ a lugares remotos, en donde los habitantes no habΓan tenido contacto con el mundo “civilizado,” para asΓ poder estudiar su salud y desarrollo fΓsico. Sus investigaciones lo llevaron a aldeas suizas desoladas y a una isla acosada por vientos en las afueras de la costa de Escocia. ContinuΓ³ sus estudios con esquimales, tribus nativas de CanadΓ‘ y de la Florida, isleΓ±os del PacΓfico del sur, aborΓgenes de Australia, maoris de Nueva Zelandia, indios del PerΓΊ y del Amazonas, y tribus del Africa.
Una vez que Price se habΓa ganado la confianza de los ancianos de la tribu o de la aldea, procedΓa a contar las caries. ImagΓnense su sorpesa cuando se encontrΓ³ con grupos de personas que tenΓan menos de 1% de decaimiento en los dientes permanentes. SeleccionΓ³ 14 grupos aislados en los que el decaimiento dental era muy raro o no existente; estas personas jamΓ‘s habΓan visitado un dentista y jamΓ‘s se habΓan cepillado los dientes. La ausencia de caries iba siempre de la mano con la ausencia de enfermedades, tanto enfermedades crΓ³nicas como cΓ‘ncer y enfermedades coronarias, asΓ como enfermedades infecciosas como tuberculosis, la que en la Γ©poca de Price afligΓa a gran parte del mundo en proporciones epidΓ©micas.
Estos estudios ocurrieron en una Γ©poca en la que aΓΊn existΓan grupos remotos de seres humanos que no habΓan sido tocados por las invenciones modernas. Price fotografiΓ³ a estas personas, documentando de forma permanente los grupos aislados que estudiΓ³. Las fotografΓas que tomΓ³, las descripciones de lo que encontrΓ³ y sus asombrosas conclusiones estΓ‘n preservadas en su libro, considerado una obra de arte por muchos investigadores de nutriciΓ³n que continuaron los pasos de Price: NutriciΓ³n y DegeneraciΓ³n FΓsica. 1 Sin embargo, este compendio de sabidurΓa ancestral es desconocido por la mayorΓa de los padres y la comunidad mΓ©dica.
NutriciΓ³n y DegeneraciΓ³n FΓsica es el tipo de libro que cambia la forma cΓ³mo percibimos el mundo, no sΓ³lo porque describe sociedades en las que una salud excelente era la norma, sino tambiΓ©n porque nos muestra cΓ³mo era que la gente saludable lucΓa. Las personas saludables tienen caras que son anchas, bien formadas y nobles. Los dientes llenan la sonrisa con una banda de blancura deslumbrante, tan parejos y perfectos como. . . dientes falsos. Price tomΓ³ foto tras foto de hermosas sonrisas, y observΓ³ que los “primitivos saludables” eran invariablemente alegres y optimistas. Estas personas estaban caracterizadas por un “desarrollo fΓsico esplΓ©ndido.” Las mujeres daban a luz con facilidad. Era raro que estos bebΓ©s lloraran y sus niΓ±os eran muy activos y robustos. Muchos otros han reportado tambiΓ©n que en grupos aislados, considerados como primitivos, se ha reportado una ausencia virtual de enfermedades degenerativas, particularmente cΓ‘ncer.2
Price observΓ³ un nΓΊmero de sociedades en transiciΓ³n, en las que tiendas se habΓan establecido y los alimentos nativos eran reemplazados por los productos de la civilizaciΓ³n occidental -azΓΊcar, harina blanca, leche condensada, alimentos enlatados, chocolate, mermeladas y pasteles- a los que Price llamΓ³ la “comida sustituta del comercio moderno.” Sus fotografΓas capturaron el sufrimiento causado por estos productos comestibles -principalmente el decaimiento dental desenfrenado. AΓΊn mΓ‘s sorprendente es que estas fotografΓas muestran el cambio en el desarrollo facial que ocurriΓ³ con la modernizaciΓ³n. Los padres que habΓan cambiado sus dietas tuvieron hijos que no exhibΓan mΓ‘s los patrones fΓsicos de la tribu. Sus caras eran mΓ‘s angostas, sus dientes amontonados, las ventanas de la nariz apretadas. Estas caras no brillaban con optimismo, como las de sus ancestros saludables. Las fotografΓas del Dr. Price demuestran con gran claridad que la “comida sustituta del comercio moderno” no provee suficientes nutrientes que permiten que el cuerpo logre su potencial genΓ©tico -ni el desarrollo completo de los huesos en el cuerpo y la cabeza, ni la expresiΓ³n completa de los varios sistemas que han permitido a la humanidad funcionar a niveles Γ³ptimos -sistema inmunolΓ³gico, sistema nervioso, digestiΓ³n y reproducciΓ³n.
Las dietas de los “primitivos” saludables que Price estudiΓ³ eran muy diferentes: en la aldea suiza en la que Price empezΓ³ sus investigaciones, los habitantes vivΓan de productos lΓ‘cteos ricos en grasa -leche sin pasteurizar, mantequilla, crema y quesos-, pan de centeno, ocasionalmente carne, sopas hechas a base de caldos de hueso y los pocos vegetales que se podΓan cultivar durante los cortos meses de verano. Los dientes de los niΓ±os estaban cubiertos con limo verde pero Price sΓ³lo encontrΓ³ uno por ciento de decaimiento dental. Los niΓ±os andaban descalzos por riachuelos helados con temperaturas que forzaban al Dr. Price y a su esposa a usar abrigos gruesos de lana; sin embargo, casi no existΓan las enfermedades infantiles y nunca se diΓ³ un solo caso de tuberculosis en la aldea. Los robustos pescadores que vivΓan en frente de la costa escocesa no consumΓan productos lΓ‘cteos. El alimento principal lo constituΓa el pescado, junto con avena cocida. Un plato tradicional, considerado muy importante para los niΓ±os en edad de crecimiento, estaba hecho a base de cabezas de pescado rellenas con avena e hΓgado de pescado picado. La dieta esquimal, compuesta principalmente de pescado, hueveras y animales del mar, incluΓa aceite de foca y grasa de animales marinos, lo que permitΓa que las madres esquimales tuvieran un bebΓ© fuerte tras otro, sin sufrir de problemas de salud o caries. Los musculosos cazadores-recolectores de CanadΓ‘, de la zona pantanosa de la Florida, del Amazonas, Australia y Africa, consumΓan animales que cazaban, particularmente las partes de los animales que el mundo civilizado tiende a evitar -Γ³rganos, sangre, mΓ©dula y glΓ‘ndulas-, y una variedad de granos, tubΓ©rculos, vegetales y frutas. Tribus africanas basadas en la ganaderΓa como los Masai, no consumΓan alimentos del reino vegetal, sΓ³lo carne, sangre y leche. Los isleΓ±os del PacΓfico del Sur y la tribu Maori de Nueva Zelandia comΓan alimentos del mar de todo tipo -pescado, tiburΓ³n, pulpo, mariscos, gusanos de mar- asΓ como carne y grasa de cerdo, una variedad de vegetales y frutas como coco. Los insectos eran otra comida comΓΊn en todas las regiones excepto en el Γ‘rtico. Los alimentos que permitieron que gente de cualquier raza y tipo de clima fuera saludable son los alimentos Γntegros naturales -carne con su grasa, Γ³rganos, productos lΓ‘cteos con su grasa, pescado, insectos, granos integrales, tubΓ©rculos, vegetales y frutas-, no estos extraΓ±os mejunjes hechos a base de azΓΊcar blanca, harina refinada y aceites vegetales rancios y quΓmicamente alterados.
Los investigadores modernos de nutriciΓ³n estΓ‘n mostrando renovado interΓ©s en los alimentos que nuestros ancestros consumΓan, pero mitos sobre las dietas primitivas abundan. El primero y mΓ‘s fΓ‘cil de descartar es el mito que nos dice que las dietas tradicionales eran prioritariamente vegetarianas. Evidencia antropolΓ³gica confirma lo que Price encontrΓ³, que en el mundo entero las sociedades mostraron preferencia por alimentos y grasas de origen animal.4
El viaje del Dr. Price a Africa le dio la oportunidad de comparar grupos primitivos compuestos principalmente de carnΓvoros, con aquΓ©llos de origen racial similar pero que eran mayormente vegetarianos.5 Las tribus de los masai de Tanganyika, chewya de Kenya, muhima de Uganda, watusi de Ruanda y los neurs, que habitaban el lado oeste del Nilo en SudΓ‘n, eran todos ganaderos. Sus dietas consistΓan de leche, sangre y carne, complementada en algunos casos con pescado y pequeΓ±as cantidades de granos, frutas y vegetales. Los neurs especialmente valoraban el hΓgado de los animales, considerado tan sagrado “que no debΓa de ser tocado por manos humanas. . .Este es comido tanto crudo como cocido.” Estas tribus se caracterizaban por su excelente fΓsico y gran estatura -en algunos grupos las mujeres medΓan un promedio por encima de los 6 pies, y muchos hombres llegaban a casi siete pies. Hasta su viaje a Africa, Price no habΓa encontrado grupos que carecieran de caries completamente, pero estos seis grupos que arreaban ganado estaban completamente libres de decaimiento dental. MΓ‘s aΓΊn, todos los miembros de estas tribus exhibΓan dientes derechos y que no estaban amontonados.
Las tribus bantu como la kikuyu y wakamba eran vegetarianas. Su dieta consistΓa de camotes, maΓz, frijoles, plΓ‘tanos, mijo y sorgo. Los miembros de estas tribus eran menos robustos que sus vecinos carnΓvoros, y tendΓan a ser dominados por ellos. Price encontrΓ³ que los grupos principalmente vegetarianos tenΓan un decaimiento dental de alrededor 5% a 6% del total de dientes, todavΓa un nΓΊmero pequeΓ±o comparado con el decaimiento dental en la gente blanca que se alimentaba de los alimentos que se vendΓan en las tiendas. AΓΊn entre las tribus que eran principalmente vegetarianas, las oclusiones dentales eran raras, asΓ como las enfermedades degenerativas. Es un error, sin embargo, pensar que estos grupos no consumΓan ningΓΊn alimento de origen animal, como generalemente se ha presentado. Algunos miembros de la tribu bantu tenΓan unas cuantas reses y cabras, las que proveΓan de leche y carne; tambiΓ©n comΓan mamΓferos pequeΓ±os como sapos; y valoraban mucho los insectos como fuente alimenticia. “Los nativos de Africa saben que ciertos insectos son muy ricos en ciertos nutrientes en determinadas Γ©pocas del aΓ±o, y saben tambiΓ©n que sus huevos son un alimento valioso. Una mosca que abunda en el lago Victoria es recogida y usada fresca o seca. TambiΓ©n usan los huevos de hormigas y las hormigas.”
Otros insectos como las abejas, avispas, escarabajos, mariposas, polillas, larvas, cigarras, libΓ©lulas y termitas son valoradas y consumidas con gusto por las tribus en Africa.6
Es significativo que los grupos que consumΓan principalmente alimentos de origen vegetal, modificaban su dieta durante la gestaciΓ³n y la lactancia, perΓodo durante el cual incorporaban alimentos de origen animal. Aparentemente, los grupos carnΓvoros no encontraban necesario suplementar la dieta, ya que Γ©sta ya era rica en los factores necesarios para la reproducciΓ³n y el crecimiento Γ³ptimo.
Otro mito acerca de la dietas primitivas, y Γ©ste es difΓcil de disipar, es que Γ©stas eran bajas en grasa, particularmente grasa animal saturada. Loren Cordain, PhD, probablemente el mΓ‘s conocido defensor de los hΓ‘bitos alimenticios paleolΓticos, recomienda una dieta que consista de “carne magra, ocasionalmente Γ³rganos y frutas salvajes y vegetales.” Esta prescripciΓ³n puede ser polΓticamente correcta, pero no corresponde a las descripciones de los hΓ‘bitos alimenticios de la era paleolΓtica, tanto de climas frios como cΓ‘lidos.
Vilhjalmur Stefansson, quien pasΓ³ muchos aΓ±os viviendo con los esquimales y los indΓgenas del norte de CanadΓ‘, reporta que los rumiantes machos en estado salvaje como el alce y el caribΓΊ poseen un trozo grande de grasa en la espalda, que llega a pesar hasta 40 o 50 libras. Los indios y esquimales preferΓan cazar los animales machos y viejos, porque querΓan el trozo de grasa, asΓ como la grasa altamente saturada que se encontraba alrededor de los riΓ±ones. Otros grupos usaban la grasa de los animales marΓtimos como focas y morsas.
“Los grupos que dependen de la grasa de animales marΓtimos son los mΓ‘s afortunados entre los que cazan para subsistir,” escribiΓ³ Stefansson, “pues ellos nunca sufren de hambre-por-grasa. Este problema es peor, en lo que se refiere al Γ‘rea de Norte AmΓ©rica, entre los indios del bosque que dependen en ciertas ocasiones sΓ³lo de conejos, los animales con menor cantidad de grasa en el norte, y que desarrollan un hambre-por-grasa extrema conocida como la inaniciΓ³n-de-comer-conejo. Los que se alimentan de conejo, y no obtienen grasa de otras fuentes -castor, alce, pescado-, desarrollan diarrea en una semana, acompaΓ±ada con dolores de cabeza, lasitud y un malestar vago. Si es que hay suficientes conejos, la gente sigue comiendo hasta que sus estΓ³magos se dilatan; pero no importa quΓ© tanto coman, se siguen sintiendo con hambre. Algunos piensan que una persona se morirΓa mΓ‘s rΓ‘pido comiendo contΓnuamente carne sin grasa que si no comiera nada, pero Γ©sta es una creencia para la que no existe suficiente evidencia como para tomar una decisiΓ³n. Muertes por inaniciΓ³n-de-comer-conejo, o por comer otra carne que sea magra, son raras; ya que todos entienden el principio, y naturalmente las prevenciones necesarias son tomadas.”7
Normalmente, segΓΊn Stefansson, la dieta consistΓa de carne seca o curada “comida junto con grasa,” es decir, el trozo de grasa altamente saturada que se obtuvo de la espalda del animal y que se pudo separar fΓ‘cilmente. Otro explorador del Γ‘rtico, Hugh Brody, reporta que los esquimales comΓan hΓgado crudo mezclado con pedazos pequeΓ±os de grasa y tiras de carne ahumada o seca que eran “esparcidas con grasa o manteca.” 7
Pemmican, una comida altamente concentrada usada para viajes, era una mezcla de carne seca magra de bΓΊfalo y de grasa altamente saturada de bΓΊfalo (la grasa de bΓΊfalo es mΓ‘s saturada que la grasa de res.) Menos de dos libras de pemmican por dΓa podΓa sostener un hombre haciendo trabajo fΓsico intenso. La proporciΓ³n de grasa y proteΓna en pemmican era 80%-20%. Dado que la carne magra de lo que se cazaba era generalmente para los perros, no hay razΓ³n para suponer que la comida diaria no tuviera las mismas proporciones: 80% grasa (principalmente grasa altamente saturada) y 20% proteΓna -en una poblaciΓ³n en la que enfermedades del corazΓ³n y cΓ‘ncer no existen.
Obtener cantidades de grasa adecuada en la dieta era un reto mayor para los aborΓgenes de Australia, dado que viven en un clima muy diferente.9 Ellos eran buenos observadores de la naturaleza y sabΓan cuΓ‘ndo cierto tipo de animales tenΓan mΓ‘s grasa. Por ejemplo, sabΓan que los canguros tenΓan mayor cantidad de grasa cuando la hoja del helecho estaba en flor; la zarigΓΌeya cuando el manzano estaba floreciendo. Otros signos indicaban cuΓ‘ndo la serpiente de alfombra, la rata-canguro, los mejillones, las ostras, las tortugas y las anguilas estaban mΓ‘s gordas y en su mejor momento. SΓ³lo en Γ©pocas de sequΓa o hambruna, los aborΓgenes no rechazaban los canguros que estuvieran muy flacos -de otra forma, los canguros flacos no eran lo suficientemente valiosos como para cargarlos hasta el campamento. Durante perΓodos de abundancia “los animales eran aniquilados sin piedad, y sΓ³lo las mejores partes con mayor cantidad de grasa de los animales muertos era comida.” Las comidas favoritas eran la grasa de los intestinos de los marsupiales y de los emΓΊes. La grasa altamente saturada de los riΓ±ones de la zarigΓΌela era generalmente comida cruda.
Otras fuentes de grasa incluΓan huevos -de pΓ‘jaros y de reptiles- y una gran variedad de insectos. El principal entre Γ©stos era un cierto tipo de larva de polilla, que se encontraba en los troncos de Γ‘rboles que estaban descomponiΓ©ndose. Estas delicias suculentas -generalmente de mΓ‘s de seis pulgadas de largo- se comΓan tanto crudas como cocidas. El contenido de grasa de la larva seca era tan alto como 67%. La hormiga del Γ‘rbol verde era otra fuente de grasa valiosa, con una proporciΓ³n de grasa a proteΓna de doce a uno. Otro alimento importante estacional era un cierto tipo de polillas a las que se les golpea para que caigan de las paredes rocosas en las que estΓ‘n reunidas en grandes nΓΊmeros, o se les humea para que salgan de las cuevas o grietas. Se les asa en el mismo lugar o se les muele para uso futuro. Los abdΓ³menes de las polillas son del tamaΓ±o de un manΓ pequeΓ±o y son ricas en grasa.
Los investigadores modernos encuentran difΓcil de aceptar el hecho de que grupos que exhiben un desarrollo fΓsico esplΓ©ndido y una salud perfecta, comieran liberalmente el mismo componente dietΓ©tico que los nutricionistas modernos han demonizado: la grasa saturada animal. Y sin embargo, una simple revisiΓ³n de las tendencias de las enfermedades exonera a las grasas tradicionales como la mantequilla, la manteca y el sebo. Desde que estas grasas han sido reemplazadas por aceites vegetales comerciales en la dieta occidental, el cΓ‘ncer y las enfermedades del corazΓ³n se han disparado. Las grasas saturadas en la dieta juegan muchos papeles importantes en la bioquΓmica humana: los Γ‘cidos grasos saturados constituyen al menos el 50% de las membranas de las cΓ©lulas, dΓ‘ndoles la necesaria rigidez e integridad; ellos juegan un papel vital en la salud de nuestros huesos;10 ellos reducen el Lp(a), una sustancia en la sangre que indica propensiΓ³n a enfermedades coronarias;11 protegen el hΓgado de la ingestiΓ³n de alcohol;12 mejoran el sistema inmunolΓ³gico;13 son necesarios para la utilizaciΓ³n apropiada de Γ‘cidos grasos esenciales;14 son el alimento preferido del corazΓ³n;15 y tienen propiedades impotantes antimicrobiales, protegiΓ©ndonos en contra de microorganismos daΓ±inos en el tracto digestivo.16
AΓΊn mΓ‘s importante, las grasas animales son los que transportan las vitales vitaminas liposolubles A y D, necesarias para una serie de procesos, desde prevenciΓ³n de defectos de nacimiento hasta un sistema inmunolΓ³gico saludable, y un desarrollo apropiado de huesos y dientes. De hecho, Price estaba convencido de que estos “activadores liposolubles” eran la llave para el desarrollo de una belleza facial y la ausencia de caries que caracterizaba a la gente que Γ©l estudiΓ³. Cuando analizΓ³ sus dietas, encontrΓ³ que Γ©stas contenΓan al menos cuatro veces mΓ‘s minerales -calcio, fΓ³sforo, magnesio, hierro y demΓ‘s- y DIEZ veces mΓ‘s vitaminas liposolubles de lo que contenΓa la dieta norteamericana de sus dΓas. Las fuentes mΓ‘s ricas de vitaminas A y D son los mismos alimentos que el hombre moderno trata de evitar: grasas animales, Γ³rganos, manteca, hueveras, mariscos, huevos y mantequilla -pero no la mantequilla comercial, pΓ‘lida, de la tienda. La mantequilla rica en vitaminas liposolubles es suave, anaranjada-amarillenta, que proviene de vacas alimentadas en pastos fΓ©rtiles, un producto que es casi imposible de encontrar en los mercados occidentales hoy en dΓa. El caroteno que se encuentra en los alimentos vegetales no es lo mismo que la vitamina A de fuentes animales. La conversiΓ³n de carotenos en el cuerpo humano es generalmente comprometida, y aΓΊn bajo circunstancias Γ³ptimas no es suficente para abastecer la cantidad de verdadera vitamina A que Price encontrΓ³ en las dietas de poblaciones aisladas.17
Una fuente sorprendente de nutrientes en las dietas tradicionales es el camarΓ³n, que contiene diez veces mΓ‘s vitamina D que el hΓgado. Las salsas y pastas hechas a base de camarΓ³n seco, y por lo tanto una fuente concentrada de vitamina D, son usadas por todo el Medio Oriente y Africa. Esta es probablemente la mejor explicaciΓ³n para las bajas tasas de osteoporosis en estas regiones, asΓ como la ausencia aparente de enfermedades relacionadas a una deficiencia de vitamina D -cΓ‘ncer al colon y esclerosis mΓΊltiple.
Price predijo de forma acertada que el hombre occidental iba a desarrollar mΓ‘s y mΓ‘s enfermedades, dada su tendencia de sustituir las grasas animales por aceites vegetales, y que la reproducciΓ³n se iba a hacer cada vez mΓ‘s difΓcil. SegΓΊn algunos estimados, 25% de las parejas norteamericanas son infΓ©rtiles, una condiciΓ³n que puede alegrar a los reduccionistas pero que causa mucho sufrimiento a millones de individuos. Los tratamientos de infertilidad son problemΓ‘ticos, dolorosos y costosos en comparaciΓ³n con la prescripciΓ³n primitiva: mΓ‘s grasa animal. “La carne de oso es un deleite, es muy sabrosa y se parece mucho a la carne de cerdo,” escribiΓ³ el coronel William Byrd en 1978 durante la Γ©poca de la colonia norteamericana. “La grasa de esta criatura es menos apta de subirse en el estΓ³mago. Los hombres la escogen normalmente en lugar de la carne de venado. . .Y ahora, para el bien de la humanidad, y para tener una colonia con mejores personas e infantes, me aventuro a hacer pΓΊblico el secreto que nuestro indio. . .me dejΓ³ saber. Le preguntΓ© la razΓ³n por la cual muy pocas o casi ninguna de sus mujeres eran infΓ©rtiles. A lo que Γ©l me respondiΓ³ con una gran sonrisa en su cara, que ellos tenΓan un SECRETO infalible para eso. Me informΓ³ que si una mujer india no ha concebido despuΓ©s de un tiempo decente de estar casada, el esposo, para salvar su reputaciΓ³n con las mujeres, se somete a una dieta de carne de oso por seis semanas, y despuΓ©s de este tiempo estΓ‘ tan vigoroso que se pone cada vez mΓ‘s impertinente con su pobre esposa y las posibilidades de que ella sea madre en nueve meses son bien altas.”
Las hueveras secas de pescado eran muy apreciadas por muchas tribus que Price estudiΓ³ -desde los esquimales de Alaska hasta tribus indΓgenas que vivΓan en las cumbres de los Andes. Cuando Price les preguntaba por quΓ© comΓan hueveras de pescado, la respuesta era siempre la misma: “Para que podamos tener bebΓ©s saludables.” Los cientΓficos han descubierto numerosos factores en la huevera de pescado que contribuyen a la fertilidad -las vitaminas A y D, yodo y otros minerales y Γ‘cidos grasos elongados- pero es tal el pensamiento de la medicina moderna que esta informaciΓ³n no es proporcionado a los futuros padres. Otros alimentos especiales que se les da a mujeres embarazadas y a niΓ±os en edad de crecimiento incluyen los mariscos, Γ³rganos y mantequilla de un color amarillo fuerte, todos Γ©stos son alimentos que Price encontrΓ³ eran extremedamente ricos en minerales y en “activadores liposolubles.”
La respuesta de los investigadores de la dieta ortodoxa paleolΓtica ante la evidencia abrumadora de que los cazadores-recolectores buscaban y consumΓan grandes cantidades de grasa animal y con alto contenido de colesterol, y ricas en vitaminas liposolubles, es que si bien es cierto que esta dieta primitiva permitΓa una reproducciΓ³n y desarrollo Γ³ptimos – resultado no sΓ³lo de las fotografΓas del Dr. Price, sino tambiΓ©n de restos de esqueletos de los cazadores-recolectores encontrados por todo el mundo-,esta dieta tenΓa la infeliz consecuencia de acortar el perΓodo de vida. Sin embargo, exploradores del Γ‘rtico han reportado gran longevidad entre los esquimales;18 las comunidades de aborΓgenes australianos eran reconocidas por el alto nΓΊmero de ancianos, que vivΓan juntos como un grupo separado y para los cuales se reservaban alimentos especiales que eran fΓ‘ciles de recolectar y cazar.19 Las dietas de grupos tradicionales caracterizados por su longevidad eran altas en grasas animales: la gente de Hunza consume altas cantidades de productos lΓ‘cteos fermentados de cabra, y la leche de cabra tiene un contenido de grasa alto, y tiene mΓ‘s grasa saturada que la leche de vaca; los habitantes de Vilcabamba en Ecuador consumen cerdo y productos lΓ‘cteos con su grasa; y los longevos habitantes de el Γ‘rea soviΓ©tica de Georgia comen tambiΓ©n cerdo en cantidades liberales y yogurt de leche con su grasa y quesos. De hecho, un estudio soviΓ©tico encontrΓ³ que la longevidad era mayor en comunidades rurales en donde la gente comΓa carne con alto contenido de grasa en comparaciΓ³n con gente de ciudad que comΓa mΓ‘s carbohidratos.20
Los carbohidratos estΓ‘n presentes en las dietas saludables tradicionales, en la forma de granos integrales y semillas, incluso en las dietas de los cazadores-recolectores. Price encontrΓ³ que el mijo y el maΓz eran consumidos por todo Africa; la quinoa y el amaranto en SudamΓ©rica. Los indios norteamericanos consumΓan arroz silvestre, maΓz y frijoles; los aborΓgenes de Australia juntaban una especie de mijo silvestre y consumΓan una gran variedad de legumbres. Una escuela de pensamiento propone que los granos deben de ser evitados, argumentando que Γ©stos estaban ausentes de la dieta del paleolΓtico y citando las asociaciones obvias de los granos con enfermedades digestivas y estudios que vinculan el consumo de granos con enfermedades del corazΓ³n.21
Lo que los investigadores frecuentemente pasan por alto es el hecho de que los alimentos que provienen de semillas -granos, legumbres y nueces- son preparadas con gran cuidado en sociedades tradicionales, ya sea germinando, tostando, remojando y fermentando.22 Estos procesos neutralizan sustancias en los granos integrales y en otras semillas que bloquean la absorciΓ³n de minerales, inhiben la digestiΓ³n de proteΓnas e irritan el forro del tracto digestivo. Estos procesos tambiΓ©n incrementan el contenido de nutrientes y hacen que estos alimentos se puedan digerir mejor. Por ejemplo, en India, el arroz y las lentejas se fermentan al menos por dos dΓas antes de ser preparados como idli y dosas; en Africa los nativos remojan el maΓz gruesamente molido durante la noche antes de aΓ±adirlo a sopas y guisos, y fermentan maΓz y mijo por varios dΓas para producir una papilla Γ‘cida llamada ogi; un plato similar hecho de avena era tradicional entre los welsh; en algunos paises del Medio Oriente y AmΓ©rica Latina el arroz es fermentado antes de ser preparado; los etΓopes hacen su caracterΓstico pan injera fermentando un grano llamado teff por varios dΓas; los panes de maΓz mexicanos llamados pozol, son fermentados por varios dΓas y hasta por dos semanas en hojas de plΓ‘tano; el pan de los cherokee era similar, pero envuelto en cΓ‘scara de maΓz; antes de la introducciΓ³n de la levadura comercial, los europeos hacΓan un pan que fermentaba y levaba lentamente; los pioneros en Norte AmΓ©rica eran famosos por sus panes de masa fermentada, panqueques y galletas; y por toda Europa los granos se remojaban durante la noche, y hasta por varios dΓas, en agua o leche agria antes de ser cocinados y servidos como papilla. Los granos preparados cuidadosamente de esta manera confieren mucho mΓ‘s valor nutricional que los panes modernos hechos con levadura rΓ‘pida, granolas, mejunjes de afrecho, cereales de caja y, por supuesto, los productos hechos con harina blanca.
Los estudios de Weston Price lo convencieron de que la mejor dieta era una que combinara los granos integrales con productos de origen animal, ambos densos en nutrientes. La tribu africana mΓ‘s saludable que Price estudiΓ³ fueron los dinkas, una tribu de SudΓ‘n, a las orillas del Nilo. Estos no eran tan altos como los que arreaban ganado, pero eran fΓsicamente mejor proporcionados y tenΓan mΓ‘s fortaleza. Su dieta consistΓa principalmente de pescado y de granos de cereal. Esta es una de las lecciones mΓ‘s importantes de la investigaciΓ³n de Price -que una dieta mixta de alimentos integrales, una que evita los extremos de los carnΓvoros de la tribu masai y de los mayoritariamente vegetarianos de la tribu bantu, asegura un desarrollo fΓsico Γ³ptimo.
Los puritanos argumentan que, como con los granos, el hombre no deberΓa de comer productos lΓ‘cteos porque el poseer ganado es una costumbre que data sΓ³lo un par de miles de aΓ±os, una gota de agua en el balde de la evoluciΓ³n. Pero hay muchas poblaciones saludables que toman leche, incluyendo los europeos tradicionales, los norteamericanos hasta la primera guerra mundial, los griegos y otros habitantes mediterrΓ‘neos, africanos, tibetanos, los longevos habitantes de Georgia en la UniΓ³n SoviΓ©tica, y los robustos mongoles del norte de China. Incluso hoy en dΓa, el uso de productos lΓ‘cteos relativamente procesados estΓ‘ asociado con longevidad en paΓses como Austria y Suiza.23 La leche moderna estΓ‘ desnaturalizada por la pasteurizaciΓ³n y la homogenizaciΓ³n; robada de su valioso contenido de grasa; llena de antibiΓ³ticos y pesticidas; cubierta de aditivos y vitaminas sintΓ©ticas; y proviene de vacas criadas para producir inmensas cantidades de leche y poder ser alimentadas con cualquier cosa que crezca bajo el sol excepto lo que las vacas supuestamente deberΓan de comer -pasto verde.24 Existe evidencia que vincula este tipo de leche con la gran gama de problemas modernos incluΓdos enfermedades coronarias, cΓ‘ncer, diabetes, cΓ‘ncer al seno, osteoporosis, autismo y alergias.
Otra prΓ‘ctica comΓΊn de grupos tradicionales por todo el mundo es el uso de huesos de animales para hacer caldos que se aΓ±aden posteriormente a las sopas, guisos y salsas; la preservaciΓ³n de vegetales, frutas, granos y carnes a travΓ©s de la fermentaciΓ³n lΓ‘ctica para hacer condimentos, productos de carne y bebidas; y el uso de sal. En Γ‘reas en donde no hay sal disponible, grasas ricas en sodio y otras plantas son quemadas y aΓ±adidas a los alimentos.
Los alimentos lacto-fermentados son productos artesanales, preparados en pequeΓ±as cantidades, a diferencia de los productos producidos en masa que son preservados con vinagre y azΓΊcar. Estos alimentos lacto-fermentados saben muy rico, ademΓ‘s de conferir muchos beneficios para la salud pues aΓ±aden enzimas a la dieta, mejoran la digestiΓ³n y la asimilaciΓ³n de todo lo que comemos. Productos familiares lacto-fermentados son el sauerkraut y el yogurt. Casi todos los alimentos pueden ser preservados con este mΓ©todo que promueve la proliferaciΓ³n de bacteria beneficiosa. El Γ‘cido lΓ‘ctico que Γ©stas producen es un preservante excelente y natural que previene el deterioro de alimentos de origen vegetal (se usa en encurtidos y conservas de frutas o vegetales, en granos que son transformados en panes y papillas Γ‘cidas) y de alimentos de origen animal (salchichas, productos lΓ‘cteos). Las bebidas lacto-fermentadas estΓ‘n siempre presentes en las culturas tradicionales -desde la cerveza kaffir en Africa hasta el kvass y la kombucha en las regiones eslΓ‘vicas.
Los caldos ricos en gelatina tambiΓ©n mejoran la digestiΓ³n y proveen de una gama de minerales que son fΓ‘cilmente asimilados. Las sopas hechas a base de caldo son un aperitivo en los paΓses asiΓ‘ticos, generalmente preparados en pequeΓ±as tiendas; y forman la base de la cocina simple y sofisticada en todo Europa. Pero en la mayorΓa de los paΓses occidentales, la olla para hacer el caldo ha dado lugar a la comida rΓ‘pida, cuyo sabor a carne proviene de saborizantes -glutamato monΓ³sodico y otros aditivos neurotΓ³xicos.
La primera lecciΓ³n que se puede deducir del estudio de dietas tradicionales es que la comida puede y debe de saber rica; que podemos poner mantequilla en nuestra papilla y que podemos cocinar con manteca, que estΓ‘ bien que tomemos leche con grasa, carnes grasosas, hΓgado y cebollas, camarΓ³n y langosta, incluso insectos si es que le gustaran; que salsas celestiales hechas a base de caldos de hueso y de crema confieren mΓ‘s beneficios que pΓldoras y polvos y mejunjes bajos en grasa, los hijastros de la tecnologΓa que se hacen pasar como si fueran alimentos saludables.
Usada con sabidurΓa, la tecnologΓa puede quitar lo pesado de la cocina, y ayudarnos a traer alimentos debidamente producidos y preparados al mercado. Usada de forma equivocada, la tecnologΓa produce panes que son suaves y dulces en lugar de panes Γ‘cidos y que hay que masticar; coca-cola en lugar de bebidas fermentadas y producidas en pequeΓ±a escala; cubos de caldos en lugar de caldos hechos a base de huesos; ketchup hecho a base de azΓΊcar en lugar de condimentos ricos en enzimas y encurtidos preservados para durar sΓ³lo un par de meses y hechos de forma tal que aΓ±aden nutrientes en lugar de removerlos.
La segunda lecciΓ³n es que el comer de forma saludable es bueno para la ecologΓa. La base de una dieta saludable son alimentos producidos sin pesticidas en tierra enriquecida con minerales, y animales saludables que estΓ‘n al aire libre, fertilizando la tierra de miles de granjas, en lugar de las granjas-tipo-fΓ‘brica en donde los animales estΓ‘n destinados a llevar una vida miserable y de enfermedad. El camino hacia la salud empieza con un deseo de pagar un precio justo por este tipo de alimento, recompensando de esta forma al granjero que preserva la tierra a travΓ©s de prΓ‘cticas sabias, en lugar del negocio agrΓcola que deteriora el suelo para obtener ganancias rΓ‘pidas.
Y, finalmente, un regreso a comidas tradicionales es la forma de remover el poder de las multinacionales y dΓ‘rselo de regreso a los artesanos. El tipo de comida procesada que hace que la comida sea mΓ‘s nutritiva es el mismo tipo de comida procesada que una comunidad agrΓcola puede hacer en su local -leche agria, quesos aΓ±ejos, encurtidos, salchichas, caldos y bebidas. Todos los productos empaquetados, embotellados y congelados en los supermercados modernos -cereales, galletas, margarinas, bebidas gaseosas y comidas congeladas-, han permitido que unos pocos hagan fortunas y que el resto se empobrezca. Lo que comemos determina no sΓ³lo que tan saludables vamos a ser, sino tambiΓ©n el tipo de economΓa que vamos a tener -una economΓa en la que sΓ³lo unos cuantos hacen millones y millones de dΓ³lares o una en la que millones de personas tienen un ingreso decente.
La tecnologΓa nos lleva de cabeza hacia el futuro, pero no habrΓ‘ un futuro a menos que la tecnologΓa sea puesta al servicio de la forma ancestral y sabia de alimentaciΓ³n.
Referencias
- Weston A Price, DDS, Price, Nutrition and Physical Degeneration, 1945, Price-Pottenger Nutrition Foundation, San Diego, CA, (619) 574-7763
- Zac Goldsmith, “Cancer: A Disease of Industrialization,” The Ecologist, March/April 1998, 28:(2):93-99
- Abrams, H Leon, “Vegetarianism: An Anthropological/Nutritional Approach,” Journal of Applied Nutrition, 1980, 32:2:70-71
- Russell Smith, “Vegetarian Studies,” Health and Healing Wisdom, Price-Pottenger Nutrition Foundation, Winter 1998, 22:(4):30 (619) 574-7763
- Sally Fallon and Mary G Enig, PhD, “Out of Africa: What Dr. Price and Dr. Burkett Discovered in their Studies of Sub-Saharan Tribes,” PPNF Health Journal, Price-Pottenger Nutrition Foundation, Spring 1997, 21:(1):1-5 (619) 574-7763
- Abrams, H Leon, Jr, “The Preference for Animal Protein and Fat: A Cross Cultural Survey,” Food and Evolution, Marvin Harris and Eric B Ross, eds. Temple University Press, Philadelphia, 1987
- Stefansson, Vilhjalmur, The Fat of the Land, 1956, The MacMillan Co, New York, NY, p 3
- Hugh Brody, Living Arctic, University of Washington Press, Seattle, WA, 1987, p 57
- Sally Fallon and Mary G Enig, PhD, “Australian Aborigines,” Health and Healing Wisdom, Price-Pottenger Nutrition Foundation, Summer 1998, 22:(2):8-13 (619) 574-7763
- Watkins, B A, et al, “Importance of Vitamin E in Bone Formation and in Chrondocyte Function” Purdue University, Lafayette, IN, AOCS Proceedings, 1996; Watkins, B A, and M F Seifert, “Food Lipids and Bone Health,” Food Lipids and Health, R E McDonald and D B Min, eds, p 101, Marcel Dekker, Inc. New York, NY
- Khosla, P, and K C Hayes, J Am Coll Nutr, 1996, 15:325-339; Clevidence, B A, et al, Arterioscler Thromb Vasc Biol, 1997, 17:1657-1661
- Nanji, A A, et al, Gastroenterology, Aug 1995, 109(2):547-54; Cha, Y S, and D S Sachan, J Am Coll Nutr, Aug 1994, 13(4):338-43
- Kabara, J J, The Pharmacological Effects of Lipids, J J Kabara, ed, The American Oil Chemists Society, Champaign, IL, 1978, 1-14; Cohen, L A, et al, J Natl Cancer Inst, 1986, 77:43
- Garg, M L, et al, The FASEB Journal, 1988, 2:4:A852; Oliart Ros, R M, et al, Meeting Abstracts, AOCS Proceedings, May 1998, p 7, Chicago, IL
- L D Lawson and F Kummerow, “B-Oxidation of the Coenzyme A Esters of Vaccenic, Elaidic and Petroselaidic Acids by Rat Heart Mitochondria,” Lipids, 1979, 14:501-503
- Kabara, J J, The Pharmacological Effects of Lipids, J J Kabara, ed, The American Oil Chemists Society, Champaign, IL, 1978, 1-14; Cohen, L A, et al, J Natl Cancer Inst ,1986, 77:43
- Sally Fallon, “Vitamin A Vagary,” PPNF Health Journal, Price-Pottenger Nutrition Foundation, Summer 1995, 19:(2):1-3 (619) 574-7763
- Dr. Henry Greist, Seventeen Years Among the Eskimos, date unknown, Cited by Stefansson
- Sally Fallon and Mary G Enig, PhD, “Australian Aborigines,” Health and Healing Wisdom, Price-Pottenger Nutrition Foundation, Summer 1998, 22:(2):8 (619) 574-7763
- Pitskhelauri, G Z, The Long Living of Soviet Georgia, 1982, Human Sciences Press, New York, NY
- Lutz, W A, “The colonization of Europe and our Western diseases,” Medical Hypotheses, Aug 1995, 45(2):115-20
- Steinkraus, Keith H, ed, Handbook of Indigenous Fermented Foods, 1983, Marcel Dekker, Inc, New York, NY
- Moore, Thomas J, Lifespan: What Really Affects Human Longevity, 1990, Simon and Schuster, New York
- For more information see www.realmilk.com
Β© 1999 Sally Fallon. All Rights Reserved.
First published in The Ecologist, Vol 29, No 1, January/February 1999.


Muy interessante, gracias por tan buena unformacion